El tiempo pasa para todos, y lo mismo da que uno sea de la realeza que del pueblo llano. Y dos décadas, con sus veinte años y una subida al trono correspondientes, dan para mucho. El 31 de octubre de 2003, Letizia (51 años) se sentaba junto a su compañero de informativos, Alfredo Urdaci, para ofrecer su último Telediario. El 22 de mayo del año siguiente se transformaría en Princesa de Asturias y debía abandonar sus obligaciones 'plebeyas'. 

Desde aquel 31 de octubre hasta el día de hoy, han pasado veinte años y la imagen de la reina es una muy distinta. Cuando Letizia acaba de cumplir 51 años y se encuentra en uno de sus mejores momentos, desgranamos cómo ha evolucionado la imagen y el rostro de la reina. 

¿Qué se ha hecho Letizia en el rostro a lo largo de estos 20 años?

Para empezar, lo primero que uno observa en la imagen de 2003 es que el perfil de Letizia es muy distinto al actual. ¿Por qué? Porque la nariz de una y de otra fotografía parecen corresponder a personas diferentes. La de hace veinte años presentaba una especie de caballete en la parte superior, de la que ahora no hay rastro. La nariz de la reina ahora es más pequeña y acaba  en punta. Un trabajo de auténtica precisión, que fue realizado por el médico estético Antonio de la Fuente en el año 2008; cinco años después de que se tomara la primera instantánea que hoy nos ocupa. 

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Letizia, en el año 2005

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Aunque al cirujano que realizó esta Capilla Sixtina de la medicina estética no le gusta hablar de su trabajo, con la finalidad de preservar al máximo la privacidad de la reina, lo cierto es que la propia Casa Real confirmó la operación. En agosto de 2008, emitían un comunicado confirmando que la transformación del rostro de la esposa del Príncipe de Asturias se debía a que Letizia padecía “problemas respiratorios” debido a una desviación del tabique nasal. Una excusa que se ha convertido en todo un cliché cuando alguien se realiza una rinoplastia. Y nadie escapa de ella, ni la reina de Ambiciones, Carmen Janeiro, ni la reina de España.

Letizia, la reina del cambio 'no invasivo'

Esta es la única operación o retoque que se ha confirmado desde Zarzuela. El resto son meras especulaciones. Limado de mentón, implantes, eliminación de las bolas de grasa en la zona baja del rostro... habladurías. Nada confirmado. Ni siquiera los especialistas en cirugía estética son capaces de confirmar, de un simple vistazo, si la madre de Leonor y Sofía se ha sometido a estas intervenciones que siempre se le adjudican. Quizás no haga falta. En estas dos décadas la medicina estética ha avanzado tanto que ya no es necesario pasar por quirófano para cambiar el aspecto de uno, basta con realizarse tratamientos mucho menos invasivos y dolorosos para lucir como recién salido del manantial de la Eterna Juventud.

Y es que Letizia, a sus 51 años, luce mejor que nunca. Esta en lo que los tiktokers llamarían su 'peak', su punto álgido. Tiene una piel que rebosa colágeno y ni una mancha se asoma en su cara, que siempre luce bronceada y con un tono perfecto, como recién llegada de unas vacaciones en Bahamas. Ha encontrado el maquillaje que más le favorece y el corte de pelo ideal para ella. Hasta el color que luce en su cabello es el idóneo, en el que se dejan asomar unas cuantas canas, que le otorgan carácter y personalidad. Los medios internacionales se vuelven locos con cada aparición de esta reina profesional e impecable. Un verdadero sueño estético.

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Letizia mima su piel y se nota que la cuida sin reparar en procedimientos. Más allá de las cremas y sérums ultrahidratantes; un rostro como el de la esposa de Felipe VI se logra gracias a otros 'extras'. Pinchazos de vitaminas, comedidos rellenos de ácido hialurónico y pequeñas cantidades de Bótox en lugares clave habrían completado la transformación de Letizia a lo largo de estos 20 años, en los que el atractivo de la reina no ha hecho más que ir en aumento. La que un día fue presentadora de informativos está perfectamente asesorada por unos estupendos (y discretos) profesionales; de cuyas manos ha realizado sutiles pasos que han dado como resultado un rostro mucho más armónico, que no niega su edad pero que despliega todo su potencial.

Y no solo pinchazos. Además, Letizia se realizaría tratamientos de cabina, sesiones de radiofrecuencia que mejoran la elasticidad de los tejidos; contribuyendo a la generación de colágeno, hidratando el rostro en profundidad y mejorando la firmeza del mismo, para no caer en la temida flaccidez. 

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Letizia, en octubre de 2023

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Un camino que Letizia no ha recorrido sola. En este proceso, ha estado acompañada por su hermana Telma y por su madre, Paloma. Como si fueran Kim Kardashian, Kylie y Kris Jenner. Las tres lucen unos rostros exquisitamente cuidados, por los que ha actuado la magia de los retoques, otorgándoles a las tres mujeres una coherencia estética magnífica. Las tres compartirían la misma manera de entender la imagen conforme los años van pasando, en la que no se reniega de las marcas de expresión, pero se les pone límite con la ayuda del 'baby Botox', o pequeños pinchazos de la toxina en lugares concretos que no borran el paso del tiempo, pero sí lo hacen más amable. 

Letizia, ¿superficial por sus retoques?

Letizia se cuida. Y mucho. A pesar de que odia con toda su alma que su físico y sus looks sean cuestión de Estado, lo cierto es que ella entiende que su apariencia es su carta de presentación al mundo. Vive presa de una dicotomía imposible de resolver. Atrapada por la presión social de mostrarse perfecta y, a la vez, demostrar que es mucho más que un estilismo o una piel hidratada. Pero sin descuidar esto. En un equilibro complicadísimo de mantener. 

Así, aún sabiendo que esta disyuntiva la oprime, pero a la vez le otorga un valor que cualquier otra persona en su posición desearía, Letizia tiene que medir y calibrar. Se la ha tachado de frívola y es algo que la enerva. Pareciera que quien la acusa de ello no conociera las reglas de esta sociedad especialmente injusta para las mujeres; a las que se nos exige muchísimo más que a ellos. No es frívola, Letizia, tan solo, es la mejor jugadora de este juego imposible en el que se vio envuelta nada más estrechar la mano de aquel hombre altísimo en 2003. 

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