Fue el escándalo real de la semana pasada y podría traer cola. De momento, una cuarentena obligatoria para sus casi treinta implicados. El príncipe Joaquín de Bélgica, con coronavirus, se saltaba el aislamiento y conseguía llegar en avión desde Bruselas a Madrid, y de allí a Córdoba, donde reside su novia y participo de una multitudinaria fiesta.

Precisamente, y aunque ha pasado desapercibido, la diseñadora y la reina Letizia guardan un nexo común. No existe parentesco entre ellas, pero se apellidan Ortiz y, dado lo estable que es la relación con el hijo de la princesa Astrid y el archiduque Lorenzo de Austria Este, la cordobesa podría convertirse en otra royal Ortiz, y la segunda con acento español en la familia real belga, después de la reina Fabiola.

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Victoria Ortiz Martínez Sagrera y Joaquín de Bélgica, ambos de 28 años, se conocieron hace siete años en Milán. Entre apuntes y exámenes de Económicas y de Diseño, surgió el amor y, desde entonces, el joven aristócrata viaja a menudo a la ciudad donde reside y trabaja su pareja para pasar tiempo con ella. La diseñadora, que tiene un currículum envidiable –posteriormente, estudió Derecho en Madrid– y lucha porque hacerse un nombre con su propia firma de ropa, pertenece a una discreta familia de la alta sociedad cordobesa que se dedica a la cría ecológica de ganado vacuno en su finca de 900 hectáreas situada en Villafranca (Sierra Morena), según informa La Razón.

Ahora la pareja está en el punto de mira después de haber organizado una multitudinaria fiesta privada en Córdoba saltándose la cuarentena impuesta en nuestro país con el estado de alarma. No solo eso, sino que la provincia andaluza, que se encuentra en fase 2, solo acepta reuniones de quince personas como máximo.

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Joaquín aterrizó el lunes a Madrid, y puso rumbo a la tierra de su Victoria Ortiz. Allí le esperaba su familia política y otros amigos pertenecientes a familias importantes del lugar para celebrar que Joaquín ya se encontraba con ellos después de tantas semanas separados. Sin embargo, el hijo de de la princesa Astrid y el archiduque Lorenzo de Austria Este, empezó a presentar síntomas pocas horas después de la polémica reunión, y tras hacerse las pruebas, dio positivo en covid-19. Inmediatamente, tanto él como el resto de invitados, que podrían haberse contagiado, eran puestos en cuarentena.

Joaquín no ha tenido más salida que pedir perdón por una seria irresponsabilidad que podría salirle muy caro. "Me arrepiento profundamente de mis actos y acepto las consecuencias”, ha dicho a golpe de comunicado.