Va de megaproducción en megaproducción, de protagonista en protagonista, y siempre es la estrella. Aitor Luna confiesa que, pese a tanto bombo y platillo, enlazar trabajo con trabajo le cuesta lo que no está en los escritos. La catedral del mar devuelve a quien fuera Alatriste en televisión al tiempo en el que se estaba construyendo la basílica de Santa María del Mar, en Barcelona. Un viaje que le ha costado intelectual y físicamente un esfuerzo.

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Para preparar el personaje de Arnau, ¿leíste previamente la novela?

Cuando me dieron el personaje, me leí el libro en cinco días y te pones al lío. Tampoco tuve mucho margen entre que entré en el proyecto y cuando empezamos a rodar.

Porque te llamaron tarde…

Porque estaba mi hermano, Yon González, en un principio. Cuando él se fue dejó el proyecto para rodar Las chicas del cable], abrieron el casting y ahí caí yo.

Era para el mismo papel, claro.

Sí, pero fue curioso. La cosa no fue: ‘oye, se ha ido un hermano, llamemos al otro’. Sino que se abrió el casting, yo fui, lo di todo, me cogieron y confiaron en mí.

Arnau es muy tú.

Lo cierto es que tenemos ahí ese sentido de la justicia y de la verdad un poco arraigado… Esas cosas de más que luego te traen problemas en la vida. Pero bueno...

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