María Lo ha hecho un concurso casi impecable. Que lo manche solo hay un soufflé de queso, un error que es más bien una muestra de su humanidad que de su falta de talento. Esta gaditana de 32 años llegó a 'MasterChef' en paro, con la ilusión de dedicarse al mundo que le apasiona y sin ser del todo sincera con su padre, el señor Lo, el culpable de ese amor hacia la cocina. En estas últimas semanas ha trabajado, ha evolucionado, hasta convertirse en el 'super 'MasterChef'' que el concurso buscaba. Antes de llegar siquiera a la final ya tenía dos ofertas de trabajo sobre la mesa. Ahora, con el premio, un maletín de 100.000 euros, un máster en el Basque Culinary Center, muchas ideas y sin conversaciones pendientes, empieza una nueva etapa. Sabe que no será fácil, pero ganas no le faltan. La sonrisa tampoco.

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'MasterChef': a María Lo le llovieron las ofertas

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¡Enhorabuena, María! Ha sido una final muy reñida.

Me ha encantado hacerla con Vero. Ha sido una rival que ha estado a la altura, pero de todo. Ha sido muy heavy, hasta yo, que ya sabía lo que iba a pasar, estaba mordiéndome las uñas.

Es que una cosa es ganar 'MasterChef' y otra no poder contarlo hasta que se emita.

Las únicas que lo sabían, evidentemente, eran mi madre y mi chica, que han estado dos meses y medio sin mí. Pero la gente es muy cotilla y tratan de embaucarte para sacarte cualquier detalle, aunque yo me he portado como una campeona (ríe).

Durante la final nos quedamos con muchas ganas de ver al Señor Lo.

Ha esta presente en la final y en todo el concurso. Toda la pasión que siento por la cocina es gracias a todo el amor que me transmitió mi padre. Gracias a Dios, pude estar la última semana con él. Mi padre me esperó. Empezó a estar enfermo en la segunda semana de 'MasterChef'. No me lo dijeron porque él fue quien lo pidió porque él iba a esperarme pasara lo que pasara. Ha sido el acto de amor más bonito del mundo y tuve la suerte de estar la última semana con él, contarle todo lo que había pasado y verle esa cara de emoción y de orgullo por ver hasta donde había llegado por mí misma y por verse reflejado en mí por el sueño que él siempre ha tenido, que ha sido dedicarse a la restauración.

Ha sido muy bonito dentro de lo que es una muerte, que sigue siendo algo muy duro. Los dos hemos estado en paz. Gracias a 'MasterChef' también me he atrevido a decirle: 'oye, que soy lesbiana y te lo cuento ahora, por fin'. Eso ha sido un regalazo.

María Lo y Vero

María Lo y Vero disputaron la final de 'MasterChef 10'

RTVE

Además te topaste con que Teresa, tu exnovia, también estaba entre los concursantes. ¿Te dio miedo quedarte en esa etiqueta?

La verdad es que no. Se ha convertido en una experiencia bonita para mí y para Teresa. Después de cuatro años sin hablar casi, hemos tenido la oportunidad de borrar toda la parte fea y que lo que quedase fuesen los buenos momentos que vivimos juntas y entender que nuestros caminos se separaron y ya. Además, a nivel personal, nos sentimos superorgullosas de que esto haya salido en televisión para poder quitar ese cliché de si es tu ex no es tu amigo. Creo que si has compartido dos años de tu vida con una persona es porque, independientemente de la relación romántica que tengáis, tiene algo que te aporta y eso me pasó con Tere.

¿Qué vas a hacer con esos 100.000 euros?

¡Comprarme una moto! Es broma. Evidentemente, lo voy a guardar como oro en paño mientras doy forma a los proyectos que tengo en mente porque quiero invertir en ellos. Lo que sí que tengo a corto plazo es el máster en el Basque Culinary Center. Lo que más me apetece ahora mismo es seguir formándome y encima en esa escuela, que es cumplir mi sueño. Mientras estaré ultimando un delivery que quiero montar en Barcelona con los platos con los que me sienta más identificada (como el postre de la final), para que estos puedan llegar a la casa de la gente. Aunque, por otro lado, me gustaría tener mi restaurante en un futuro, que siempre ha sido mi sueño.

Entre tus planes más próximos no están ninguna de las dos ofertas que recibiste en la semifinal: ni el contrato de un año en las cocinas del Resort Catalonia Gran Costa Mujeres en Cancún ni la de Jordi Cruz.

Es que no sé si tengo tiempo para todo lo que tengo que hacer (ríe). El irme a Cancún sí que está un poco en stand by porque tengo claro que me gustaría quedarme aquí montando mis proyectos. Lo de irme con Jordi Cruz, meterme en un restaurante con Estrella Michelín y saber lo que es trabajar en un gastronómico, me voy de cabeza ¡y más con Jordi! Me da un poco de miedo porque es muy exigente, pero después de estar diez semanas creo que ya le he pillado el truquillo.

María Lo

María Lo recibió dos ofertas de trabajo en la semifinal

RTVE

Si todo esto se lo dicen a la María Lo del primer programa, ¿se lo creería?

Entré con mucha energía, muy motivada por la propia noticia de formar parte de 'MasterChef', pero en la tercera o cuarta semana me entró esa parte de inseguridad y exigencia que hizo que explotase un poco con el maldito soufflé. Sin embargo, también fue un punto de inflexión, me quedo con ese programa porque a partir de ahí empecé a girar esa parte de inseguridad que siempre había convivido con ella y enfocarla hacia un punto más sano y permitirme el error.

¿Cómo es 'MasterChef' cuando las cámaras se apagan?

Es una experiencia maravillosa, pero también muy intensa. Es una situación que no vas a vivir si no formas parte de él. Somos 16 aspirantes, cada uno de nuestro padre y nuestra madre, a los que nos meten todos juntos en una casa para trabajar y cocinar 24/7. Ha habido muy buen rollo. De hecho, creo que los roces se han visto más en pantalla que fuera de ella por la presión que había en plató. En cuanto nos subíamos al autobús, se olvidaba. Solo hay que ver a Claudia y Vero, que tuvieron un roce y terminaron siendo en 'team rubias'. Son muchas vivencias y cuanto más avanza el concurso, menos somos y más íntimo se vuelve todo.