Sé que lo que más quería Verónica en la vida era a su hija, María. Hemos hablado muchas veces de nuestras hijas. Las madres separadas que solo tenemos una hija tenemos una conexión especial entre nosotras. ¡Tengo tanta pena por no haber sido capaz de ayudarle! Todas las personas que la conocemos tenemos esa sensación. Me siento muy chiquitita al lado de todas las personas que han disfrutado con ella, han compartido sus éxitos y le han ayudado como han podido.

La vi diferente y ausente

Cuando fui al tanatorio de San Isidro y me abracé con tantas actrices tan importantes me sentí consolada y reconocida. Pensé que Verónica, en algún momento, les había dicho alguna palabra bonita de mí. Deseo que esto al menos le haya servido para liberarse y estar no sé dónde feliz, tranquila y protegiendo a su hija. Catorce días antes de su muerte nos vimos en el desfile de Eduardo Navarrete. No comenté nada con nadie, pero la vi diferente y ausente. No era ese torbellino que no paraba y que la vida se le quedaba pequeña. Pensaba que no tenía un buen día y estaba baja de ánimo. Hay gente que la ha censurado y la ha criticado, pero ella fue inmensamente feliz en ‘MasterChef’. Eso lo he vivido yo y me da igual lo que piensen u opinen los demás. Entiendo que algunos no entiendan la imagen que haya dado, pero ella era verdad pura. Si estaba arriba, lo demostraba y, si estaba desanimada, igual. La hemos querido como era y nos ha querido como somos. Me es muy difícil mandarle un mensaje a su hija en estos momentos, porque yo no soy nadie en su vida. Me quedo con las palabras que le dije en el tanatorio: “He pasado por esto y es difícil enfrentarte a la realidad de lo que ha pasado. Si me necesitas, aquí estoy”.