Amanezco el lunes de la semana pasada y no es un buen día por circunstancias personales que no vienen al caso y no voy a contar. Cuando intento recuperarme de alguna situación incómoda y dolorosa me siento en el salón de mi casa. A los pocos minutos, recibo la llamada de Belén Esteban y me dice: “Terelu, ¿estás sentada? Escúchame bien: a Verónica Forqué la han encontrado muerta”. En ese momento entro en una crisis y pienso que lo mismo no es verdad, porque no es la primera vez que he visto matar a gente en las redes sociales, incluso de mi familia, siendo mentira. Cuando soy consciente de que la noticia es cierta, recibo un mensaje de unos amigos que no son públicos y me entero de las circunstancias reales de su muerte que jamás voy a compartir con nadie. Treinta y siete años después, y con la diferencia que hay entre un padre y una amiga, rememoro y siento la frustración y la impotencia del porqué y cómo no me di cuenta. ¿Qué nos hizo creer que estaba mejor de lo que estaba? ¿Qué no fuimos capaces de ver? Al final, es todo el analfabetismo que tenemos con el tema de las enfermedades mentales.

Me siento desolada

Oigo a Carlos Alsina en la radio durante más de ocho minutos hablando de Verónica, poniendo algunas de sus entrevistas y diciendo algo que es tan verdad... Cuando alguien fallece de cáncer decimos que ha muerto de una larga enfermedad, pero no sabemos nada de las enfermedades de la mente. Esto también es una larga enfermedad y me costó muchos años entender que mi padre murió de una enfermedad. Asumir eso cuando una de las personas más importantes de tu vida decide desaparecer es muy difícil. Llegar a comprender que lo hizo porque su mente no le dejó ver otra salida es muy complicado. Me siento desolada, arrasada y no sé cómo digerir esto. A la vez tengo la fortuna de que la vida haya puesto en mi camino a un ser como Verónica.