Paso a hablar de esa extraña primera comunión de las niñas de la baronesa Tyssen. ¡Lo sé todo! Cuando Tita y su hijo hicieron las paces, una de las condiciones de Borja (al parecer) fue no ver a sus hermanas nunca, ni en público ni en privado. Tita acató los deseos de su hijo adorado, y fue por esta cláusula en el contrato por la que no lo invitó a la comunión de marras ¡alguna excusa tuvo que poner la pobre y dijo la chorrada esa del antibiótico! Ah, por cierto, me confirman que la baronesa no cobra por las exclusivas (“tampoco está tan necesitada” me sueltan entre risas) y si la dio es porque ama salir en las revistas. Pues vale, qué bien.

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