Iñaki Urdangarin cumplió 50 años el 15 de enero; un día especial en el que, de alguna manera, se levantó su condena familiar, aunque persiste la institucional. El rey Juan Carlos, aunque no era la primera vez puesto que ya estuvo en la graduación de alguno de los hijos de la infanta Cristina, viajó a Ginebra junto la reina Sofía y la infanta Elena y sus hijos, Felipe y Victoria, para asistir a la comida con la que Iñaki Urdangarin celebró su 50º aniversario. La visita del rey Juan Carlos se produce, además, diez días después de la celebración de su 80º cumpleaños en la que no estuvieron presentes ni la infanta Cristina, ni sus hijos y mucho menos su marido, apartado oficialmente, a quien no se autoriza a entrar en la Zarzuela.

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Ni Iñaki ni Cristina forman parte de la familia real, pero siguen siendo familiares del Rey. El pasado 5 de enero, el rey Juan Carlos convocó una comida en la Zarzuela a la que asistieron setenta de sus parientes: estuvieron sus hermanas, sus sobrinos, sus primos y algunos parientes aún más lejanos pero no la segunda de sus hijos. La estampa familiar de la foto que facilitó la Zarzuela evidenció que en la celebración del 80º cumpleaños del rey Juan Carlos se impusieron las normas impuesta por el rey Felipe que decretó en su día el alejamiento institucional de los Urdangarin y que, seguramente y a su pesar, porque Felipe de Borbón adoraba a su hermana Cristina, han provocado, también una ruptura familiar irreversible. El rey Juan Carlos se debe ahora a lo que marca su hijo, no por hijo, sino por Rey, y le obedece en el plano oficial, como Felipe de Borbón, siguió las indicaciones de su padre cuando era Príncipe de Asturias pero Juan Carlos de Borbón, como padre, puede hacer lo que le quiera y la prueba es que, de alguna manera, ha querido compensar a su hija del evidente agravio que supuso que no pudiera asistir al 80º cumpleaños de su padre. Qué no pasaría en la Zarzuela para que el rey Juan Carlos, seguramente consciente de que su presencia en el cumpleaños de Iñaki Urdangarin le supondrá más críticas que alabanzas, decidiera desplazarse hasta Ginebra en un día tan señalado en el que necesariamente resultaría imposible pasar desapercibido.

La infanta Cristina, su marido e hijos, estaban en Roma el día en el que el rey Juan Carlos celebraba su cumpleaños e incluso al día siguiente, 6 de enero, asistieron a una misa en el Vaticano. La aparición de la foto de familia facilitada por la Zarzuela con motivo del cumpleaños del rey Juan Carlos, en la que faltaba la rama Urdangarin Borbón, fue un golpe muy doloroso para la infanta, según propia confesión. Ya tuvo que renunciar a asistir al cumpleaños de su padre cuando se le comunicó que la invitación no se hacía extensiva a su marido, pero la aparición de la foto le pareció una ofensa innecesaria que podría haberse evitado. La presencia del rey Juan Carlos en Ginebra debe entenderse como una manera de señalar que el alejamiento institucional no tiene porque conllevar un alejamiento familiar y menos de unos padres a quienes la infanta