Terelu ha traspasado la barrera de la mortalidad para convertirse en una de las escasas divas que tenemos actualmente en la televisión. Ya no es que te guste presentando o no, que te caiga mejor o peor. Da igual. Con Terelu ya no se trata de eso, porque ella ya se mueve en otra frecuencia, en la de las grandes estrellas. A su paso deja un halo de misterio mezclado con barrio andaluz y urbanización de pija madrileña y la mezcla resulta explosiva. De locura. Tiene la veteranía suficiente para cuestionar a cualquiera que venga a tocarle un poco el moño, y lo bueno es que ya no se calla.

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Cuando se hacen programas especiales y le toca transformarse, todo le viene mal, porque ella siempre quiere salir estupenda, pero es que le pones cualquier cosa que sea un truño y es mucho mejor, porque lo acaba defendiendo como un Balenciaga. Terelu es pequeñita y ligeramente redondeada. Si no fuera porque a veces gasta un poco de mala leche, sería para tenerla envuelta entre algodones en un moisés, meciéndola con cariño y viéndola dormir plácidamente la siesta. Pero Terelu no ha venido al mundo para eso, sino para permanecer en nuestra memoria como una grande. La juventud tiene en ella un ejemplo de lo que ya es muy difícil que vuelva a aparecer en una televisión tan fragmentada.

Terelu Campos en gala drag de Sálvame Mediafest.

Terelu Campos en gala drag de Sálvame Mediafest.

Telecinco.

Terelu es una mujer no ya con pasado, sino con leyenda. A veces se intenta pelear contra esa leyenda, pero es inútil, porque en figuras como la suya nos importa poco que la verdad se confunda con el exceso. Los que pensaban que Terelu era un mero apéndice de la madre estaban muy equivocados. Terelu es una de las figuras más contradictoriamente interesantes del panorama televisivo. En esta época en la que quienes aparecen en los plasmas pecan muchas veces de inanes, ella triunfa por su folclorismo cultivado y a ratos deliciosamente pandillero.