Vidas propias

Desde pequeño viví obsesionado con esconder la pluma

Jorge Javier Vázquez
StopPlumofobia

Actualizado a

Cuarenta años después me doy cuenta de que estamos casi en las mismas, que hemos avanzado nada o muy poco. Puedo llegar a soportar –aunque me cueste- que los heteros carguen contra la pluma pero no tolero que entre los mismos gays disparemos contra aquellos que la tengan (o tengamos). Es como si hubiera gays de primera –los que no la tienen- y maricas de segunda –los que sí-.

Reivindico la pluma, su uso e incluso su abuso. Me parece síntoma de libertad, de ir contra lo establecido y de pasarse por el forro los convencionalismos sociales más estrictos. Viva la pluma y sus consecuencias. Y abajo con aquellos gays que, apoyándose en argumentos muy reaccionarios, claman contra los gays con pluma porque no les representan. Porque lo que en realidad quieren esos homosexuales es pertenecer al redil de esa sociedad que fomenta el chalet adosado y la barbacoa dominical. No ser diferentes. Confundirse con la masa. Vivir la vida de una manera inadvertida. Pues [email protected], para eso no salgáis de casa.

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