Ahora que soy actor y cantante –es decir, artista en toda la extensión de la palabra– he incorporado nuevos rituales a mi vida. Pastillas de própolis y equinacia en desayuno, comida y cena. Limpieza diaria de las fosas nasales con agua de mar. Enchufarme todos los días a un nebulizador para hidratar las cuerdas vocales, a las que también les proporciono diariamente sus dosis de própolis en aerosol. No me olvido de llevar mi pañuelo al cuello para proteger mi garganta, ya haga un frío polar o un calor que te torras.

Pese a todos los esfuerzos que hago por protegerme, todos los días que tengo función me levanto con la garganta cogida y con picores en diversas partes de mi cuerpo. Me he hecho adicto a los antihistamínicos. P. sufre mis dolencias con buen humor. Hasta ahora. El amor también es esto.