En menos de 24 horas dos personas me recuerdan desde ‘Sálvame’ que todo lo que sube baja. Que “torres más altas han caído” y esas monsergas. Con mi ex nos reímos mucho de esas frases hechas. Había otra que también nos hacía mucha gracia, la de “¿dónde está el límite?”. Pronunciada con indignación, ¿eh?, no de cualquier manera. Y P. y yo nos respondíamos que menudo rollo lo de poner límites, que vivir poniéndole cercos al campo es un pasaporte al aburrimiento recalcitrante.

Pero a lo que iba. Lo de que “todo lo que sube baja”. No es la primera vez que me la dicen y siempre con la intención de recordarme que algún día me la pegaré. Ya. Pero es que a lo mejor no me la pego nunca. O me la pego mañana. O decido bajarme yo del tren antes de llegar a la estación. O la palmo de un ictus en Marrakech, qué se yo. Una de las mayores fuentes de ansiedad es pensar en el mañana. Cuando llegue ese momento, si es que llega, pues ya veremos qué sucede. En cualquier caso, me resulta extraño que se relacione estar muy arriba en el aspecto profesional con la felicidad.

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Yo he sido muy infeliz teniendo mucho éxito en mi vida laboral. Ha habido épocas en las que presentaba programas con audiencias disparatadas y era muy desdichado en mi vida personal. Mi profesión es muy circunstancial. Mentalmente llevo despidiéndome de ella desde hace muchos años y, cuando llegue el adiós, no tengo ningún interés en que mi figura sea recordada o respetada. Que hagan con mi memoria lo que les dé la gana, porque esa parte ya no me pertenecería a mí, sino al público. No hace falta que se me recuerde que todo lo que sube baja. Yo estoy ya en otra casilla. Me identifico más con las reflexiones de Séneca sobre la muerte: “Nadie debe perder mucho por algo que se va gota a gota, pues cada día morimos. Cualquier tiempo pasado está muerto y el mismo día de hoy nos lo repartimos con la muerte”. A veces fantaseo con el fin de mi carrera y me veo viviendo una temporada fuera de España, en un lugar con playa y haciendo vida de barrio. Mi cafetería, mi gimnasio, mi librería, mis reuniones con nuevos conocidos que no supieran que antes trabajaba en la tele. Que todo lo que suba baje no es nada malo. Eliminemos lo negativo de esa frase. ¡Cómo, si no, valoraríamos la grandeza de una erección!

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