Jorge Javier Vázquez

Jorge Javier Vázquez

Isabel Pantoja
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Isabel Pantoja es una de las últimas estrellas en mayúsculas que nos quedan

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Jorge Javier Vázquez

Escritor, presentador, actor y productor teatral

P, mi ex, nos invita a un amigo y a mí a un viaje de tres días por su cincuenta cumpleaños. Cincuenta, que se dice pronto. Ahora me doy cuenta de que éramos muy jóvenes cuando nos conocimos. Él tenía treinta y tres y yo treinta y siete. Ninguno de los dos había entrado en la década de los cuarenta y ahora con la perspectiva me parece que la crisis de esa edad no tiene mucha razón de ser. Lo escribo para los que la estén sufriendo. Los cuarenta tienen mucho rollo. La verdadera crisis viene con los cincuenta pero yo, que soy de quejarme mucho por los años, hablé con una señora que me dijo que esta década era fabulosa. Así que, complejos fuera. Luego están los que dicen que la edad es un número y que los cuarenta son los nuevos treinta y chorradas por el estilo. La edad es la que es y bastante nos cuesta cumplir años como para tener que estar luchando por aparentar menos.

Estar vivo es un logro

Yo tengo cincuenta y tres y el camino no siempre ha sido fácil. Yo estoy en ese punto de mi existencia que estar vivo ya me parece todo un logro. Y aspiro a que cuando vea la hora de palmarla esté tan cansado de vivir que la muerte me parezca toda una conquista. Pero no es de esto sobre lo que quiero escribir sino de los ex. Y más concretamente, de los ex como el mío. Para uno de mis cumpleaños me regaló una cámara de fotos con un sobrecito. Dentro de él había una carta. Pues bien, conociendo a mi ex daba por supuesto que esa carta contenía un mensaje muy bonito. Y era tal la vergüenza que me daba leerlo que tardé más de un año en hacerlo.

Y por fin leí el mensaje

Eso sí, el sobre iba conmigo siempre porque no quería perderlo y tenía muy claro que algún día lo leería. Cuando escribo que “el sobre iba conmigo siempre” es literal. Lo llevaba en la cartera que utilizo para mi vida diaria y si me iba de vacaciones lo metía la mochila. Hasta que un día lo leí. Y su contenido no era, ni por asomo, el que yo esperaba. Yo supuse que quería decirme que estaba muy contento porque siguiéramos teniendo la relación que tenemos tras la ruptura. Pero no. El mensaje venía a decirme que por mucho que hubiéramos hablado, nuestra relación no habría salido adelante porque íbamos en vagones distintos. Yo no le he dicho que lo he leído, así que se está enterando por Lecturas.

Es que, sinceramente, hay cosas que una vez rota la relación todavía me cuesta abordar. Alguno pensará que menuda porquería de relación, pero están equivocados: P. es una de las personas más importantes de mi vida. Yo lo que he vivido con él no lo he vivido nunca. Ese enamoramiento puramente químico que te revoluciona la vida y que te empuja a pensar que la vida no vale la pena ser vivida si no es en ese estado. Pero la química desaparece. Y hay que seguir viviendo. Yo no me he vuelto a enamorar de la manera que me enamoré de P. y de eso hace ya unos cuantos años.

No imagino mi vida sin P.

Agosto de 2007. En cuanto lo vi supe que era él. Y lo sigue siendo aunque de otra manera. Hizo que mi vida adquiriera unas dimensiones de felicidad absolutamente desconocidas para mí. Solo quería estar con él y cuando estaba sin él me lo pasaba soñando con volver a verle y estar con él. Me acuerdo que era tal el grado de locura que hasta estar esperando para embarcar en un vuelo se convertía en una experiencia inolvidable. Y ahora fíjate, mientras escribo este blog, pienso que la vida sin él me resultaría bastante insoportable. No me la imagino y uno de mis mayores miedos es pensar que le puede pasar algo. Es uno de los miedos más recurrentes que aparecen momentos antes de pillar el sueño. Se mueve en moto por la ciudad y cada vez que leo en los periódicos que le ha pasado algo a alguno de ellos me pongo malo. Es la primera persona con la que hablo todos los días y muchas veces la última. Nos llamamos a cada rato porque nos conocemos al dedillo y sabemos que en lo que nos digamos no hay mentira ni justificación, lo cual nos lleva a discutir en algunas ocasiones como si fuéramos pareja pero cuando esto sucede yo siempre pienso lo mismo.

Tener pareja da trabajo

Que menos mal que no estoy con él porque luego vendría ese tiempo oscuro que siempre aparece en una discusión de pareja. Y esa reconciliación que con el paso de los años va perdiendo poesía y se convierte en algunas ocasiones en un parche que va tapando problemas mayores. Sí, todo eso pienso. Y entonces llego a la conclusión de que tener pareja es un trabajo que exige muchísima dedicación y eso es algo para lo que no nos hemos preparado porque creíamos que el éxito de una relación surgía por generación espontánea. Y no. Es un trabajo que te proporciona muchas alegrías pero también desilusiones, decepciones y, a veces, desesperanza.

El amor no basta

Cuando antes lo entendemos, mejor nos irá en ese territorio. Mi relación con P. debería haber acabado mucho antes y si ninguno se decidió a cortar es por lo mucho que nos queremos. En presente. Ahí me di yo cuenta que el amor no basta para estar en pareja. Yo ahora estoy mucho más preparado pero no se ha dado. Quizás porque solo para planteármelo necesito vivir el mismo proceso que viví con P. y eso no sé yo si me volverá a suceder. Al menos me quedo con la satisfacción de haberlo vivido y ser consciente de ello. Sé que ilustrar este blog es complicadísimo porque P. lleva muy mal que lo saquen fotografiado en prensa así que por solidaridad con la persona que lo edita voy a escribir unas líneas de la Pantoja para facilitarle el trabajo.

Hace poco vi una entrevista que María del Monte le hacía en un programa de televisión cuando eran amigas. Salían las dos muy guapas pero, sobre todo, muy felices. Pantoja estaba espléndida. Juguetona, divertida. Haciendo gala de su legendario poder de seducción. No tiene nada que ver esa Pantoja que hemos ido conociendo con el paso de los años. Esa otra Isabel tira demasiado del victimismo. Escribo sobre ella porque triunfó el pasado sábado en el Wizink Centre. Dicen las crónicas que estuvo espléndida. Y me gusta leerlo. Es una de las últimas estrellas con mayúsculas que nos quedan. Hay muchas ganas de verla. Ojalá dé el paso porque hay muchos formatos a los que podría acudir sin el miedo a ser juzgada. Si algo positivo han traído las plataformas es la oferta de propuestas a la medida del interesado. Estoy convencido de que hay varias que se morirían por tener a uno de los personajes más míticos de nuestro panorama.