Me voy a presentar ‘La última cena’ sabiendo que Lima está más animada. El veterinario nos envía una foto en la que sale con una vía conectada a una patita. Parece que todo se ha quedado en un susto, pero no puedo evitar llegar al trabajo con el alma un poco magullada. Se me va pasando conforme veo a mis compañeros y me meto en la dinámica del programa, que cada vez me sorprende más. Es catártico, terapéutico, gamberro, golfo, excesivo. Una joya.

En esta ocasión cocinan otras dos joyas: Víctor Sandoval y Terelu. Me encanta volver a ver a Terelu en nuestro plató, en su plató. Porque podrá transitar por otro, pero su hogar está con nosotros. Ella se resiste a aceptarlo, pero tarde o temprano acabará volviendo a casa.

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El viernes estuvo espectacular y se entregó entera. Vi a una Terelu muy diferente de cuando trabajaba en ‘Sálvame’. Si antes prefería pasar por encima de los conflictos, el viernes me encontré a una profesional dispuesta a no dejarse achantar por nadie. Valiente, guerrera, divertida, pandillera como la que más y muy de vuelta de todo. Es decir, el perfil ideal para poder trabajar en ‘Sálvame’ sin morir en el intento.

Lo bueno de Terelu es que alterna una parte glamourosa con otra barriobajera, lo que la convierte en un espécimen muy disparatado. Lo mismo pone voz de mujer afectada cuando se entera de que Paloma Cuevas puede entrar en directo, que se pone a servir los platos con una copa de vino blanco con hielo y te suelta una expresión tan fina como ‘el coño de tu prima’. Es de justicia que Terelu vuelva a ‘Sálvame’.

Y Víctor Sandoval no tiene que irse nunca. Cada vez que abre la boca mete la pata, lo que lo convierte en un colaborador único. Carece del más elemental don de la oportunidad y esa concepción de la existencia folclóricamente trágica lo hace muy especial. Ninguno como él, afortunadamente para el resto del mundo. El sábado me comunican que Lima evoluciona favorablemente. Quiero ir a verla, pero me aconsejan que no lo haga porque se quedaría muy triste si al irme no la llevara conmigo. Qué ganas tengo de abrazarla y de mirarla a los ojos sin descanso.