Vidas propias

Almuerzo con Ada Colau en el ayuntamiento

Jorge Javier Vázquez
Jorge Javier con Ada Colau

10 de agosto de 2018, 11:55 | Actualizado a

Almuerzo con Ada Colau en el ayuntamiento. Tengo escasa relación con el mundo político, por no decir ninguna. Habré almorzado con un par a lo largo de mi vida pero tampoco es algo que eche de menos. Siempre que alguno me he invitado me he inventado un compromiso a última hora para escaquearme. No es un gremio que me interese. Sin embargo, cuando Ada Colau me invitó a almorzar tenía muy claro que quedaría con ella. Es una de las pocas políticas que me llama la atención.

En Madrid voté a Carmena –lo volvería a hacer si se presentara- y si viviera en Barcelona votaría a Colau. Me gusta su manera de entender la política, su concepción de la ciudad y la manera en la que se expresa públicamente. Creo que en el punto en el que nos encontramos la única manera de dirigir una ciudad es con sentido común y ella lo tiene. ¿Que comete errores?¿Que podría hacer más? Por supuesto, como todos en nuestro trabajos. Toma medidas que si las viéramos aplicadas en París o en Nueva York exclamaríamos “Qué modernos” pero en cuanto se ponen en marcha aquí nos echamos las manos a la cabeza. Hacer habitables las ciudades significa protegerlas aunque en un principio pensemos que nuestra vida se vuelve un poco más incómoda.

Almorzamos en un austero salón con vistas espectaculares. Publiqué en las redes una foto con ella el día del estreno en Barcelona y hubo gente que me insultó e incluso que me amenazó con dejar de seguirme lo cual agradezco. Que lo hagan. Desprecio la intolerancia, las amenazas, el que no se entienda que cada uno piense lo que le dé gana y que vote a quien le dé gana.

Cada vez que vengo a Barcelona pienso que tengo que venir más. La ciudad está preciosa, viva, exultante. No sé por qué pero veo a todos los chicos guapísimos, recién venidos de la playa o yendo a ella con sus pantalones cortos y sus chanclas. De la playa quería hablar yo ahora. No he podido pisarla por culpa del reportaje que apareció la semana pasada aquí, en Lecturas. Luis Pliego, el director, me pidió que hiciera todo lo posible para que no me pillaran en bañador hasta que no se publicara. Como soy muy obediente no he salido de casa de mi madre en los diez días que estuve en Barcelona mientras la compañía se lo ha pasado bomba en las playas de la ciudad. Cada vez que leía en el wahtsap que quedaban para ir a remojarse me subía por las paredes de mi habitación. Ellos me animaban a acercarme asegurándome que sólo había guiris pero como los móviles los carga el diablo y soy muy profesional prefería no salir de casa y sufrir en soledad. Lo malo es que he pasado tantos días con mi madre que ahora la echo de menos. Y prefiero no pensar porque me pongo melancólico.

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