Ni Rocío, ni mucho menos Dúrcal. María de los Ángeles de las Heras Ortiz, ‘Marieta’, para los íntimos. Ese era el auténtico nombre que figuraba en su documento de identidad, y por el que poquísimos la conocían. Y es que esta madrileña de nariz respingona vivió en una época en la que, para triunfar, más te valía tener un nombre fuera de lo común. Algo que la gente pudiera recordar, que te hiciera sobresalir, y María de los Ángeles de las Heras no parecía demasiado comercial para el cine y la música. Bueno, eso pasaba entonces ¡y pasa ahora! ¿o pensáis que Lady Gaga se lo puso su madre? ¿Acaso era Lana del Rey el nombre que leían los profesores cuando pasaban lista en la clase de Elizabeth Woolridge Grant? ¿O gritaban RuPaul cuando había que ir a cenar y todavía estaba bailando en su cuarto? En todas las épocas se cuecen habas. Y, en este caso, nombres de estrella. Y justamente esas semejanzas y diferencias son puestas sobre la mesa en Lecturas Años Dorados, una nueva publicación deluxe para auténticos fans de la prensa rosa.

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Pero ¿cómo se ‘cocinó’ realmente el apelativo con el que Rocío Dúrcal sería mundialmente famosa? Atención que la anécdota no tiene desperdicio. El nombre lo escogió su abuelo de una manera sencillísima: le gustaba el rocío de la mañana. Pim, pam, pum. La joven aspirante a artista pasaría a llamarse de esta meteorológica manera. Recordemos que en los años 60, había cierta tendencia a que todos parecían Mario Picazo, verdaderos obsesionados con los fenómenos climáticos. Ya verás como nos das la razón. Haz memoria, ¿cómo se llamaba la otra niña prodigio de la época? Marisol. Ahí lo tienes. Si es que no sabemos cómo, viendo la tendencia de entonces, Joselito no acabó siendo el 'pequeño anticiclón'.

ROCIO DURCAL
LECTURAS

Con lo que la de ‘Más bonita que ninguna’ rompió moldes fue con la manera en la que escogió su apellido. Que hiciera mundialmente conocido un pueblito granadino no tuvo absolutamente nada que ver ni con su predilección por este lugar ni porque le uniera nada. Rocío tenía cero vínculo con esta localidad en las estribaciones de Sierra Nevada, entonces ¿qué le hizo escogerlo? Fácil, la suerte lo hizo por ella. La estrella en ciernes pidió que desplegaran ante ella un mapa de España y fue ella misma, con los ojos cerrados y el dedo índice estirado, la que, totalmente al azar, dejó caer el dedo, y este fue a parar a la pedanía del Valle de Lecrín. Entonces sí, ¡había nacido Rocío Dúrcal!

El primer número de Lecturas Años Dorados ya se ha convertido en una publicación icónica por recoger todo el glamour de antaño bajo la óptica más actual. Una oportunidad de lujo para hacernos con un pedacito de historia rosa, ¡te esperamos en el kiosco!