Si cuando empezó alguien pensaba que Mario Casas era un actor para adolescentes el tiempo le ha quitado la razón. Año tras año el actor ha ido dejando atrás los amables papeles de comedia para encarnar cada vez a personajes más profundos y que requerían de él una implicación mucho mayor.

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Actor fetiche de las últimas producciones del alabadísimo Álex de la Iglesia, Casas sigue levantando pasiones allá donde va. Con un físico espectacular, el gallego sorprendía a todos hace unos meses cuando aparecía con un aspecto mucho más rudo y fuerte del que nos tiene acostumbrados y era él mismo el encargado de aclarar que tanto la barba como los 15 kilos que había ganado eran parte de la caracterización que necesitaba para su papel en el film ‘Bajo la piel del lobo’.

Si este verano ya pudimos verlo con su habitual y espectacular figura, el otoño ha traído una nueva transformación para el camaleónico actor. Flaco, muy flaco, flaquísimo. Así hemos podido ver a Mario en los últimos días.

Pero que no cunda el pánico. Igual que su repentino sobrepeso no tuvo que ver con problemas de ansiedad o desamor, como se llegó a especular en un principio por la coincidencia en el tiempo con su separación de Berta Vázquez, esta nueva imagen se debe a un nuevo papel cinematográfico.

Enlazando una película con otra, a Casas hace años que no le falta trabajo. Esta vez se ha metido en la piel de Francesc Boix para el largometraje ‘El fotógrafo de Mauthausen’. Aunque tan guapo como siempre, la nueva silueta del actor es muy sorprendente y sobretodo en contraposición al perfil suyo que vimos durante todo el año pasado.