Céline Dion es una triunfadora en su carrera profesional, pero en su vida personal ha sufrido golpes dolorosísimos: los dos últimos con apenas 48 horas de diferencia. Su esposo, su representante, su compañero y su gran amor, René Algélil, falleció el pasado 14 de enero a causa de un cáncer de garganta. Dos días después, y también de cáncer murió su hermano, Daniel Dion. Dos tragedias muy difíciles de digerir en tan poco tiempo.

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El jueves por la tarde se abrió la capilla ardiente en la basílica de Notre Dame de Montreal, Canada. Muchos admiradores quisieron rendirle tributo al fallecido y expresarle sus condolencias a la viuda, Céline Dion, que aceptaba desconsolada todas las palabras, sin que ninguna de ellas lograra reconfortarla en su dolor. Le acompañada su hijo mayor, René-Charles, de 14 años, un hombrecito que está siendo el mejor apoyo de la cantante en estos momentos tan difíciles para ella.

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Al día siguiente, viernes, y en el mismo templo religioso, se celebró el funeral por el alma de Algélil. Céline, de luto, cubrió su rostro con un velo negro. Entró en la iglesia de la mano de sus dos hijos gemelos, nacidos hace cinco años tras haberse sometido a varios intentos de fertilización asistida. Eddy y Nelson también se comportaron como dos hombrecitos, pese a su corta edad y que, posiblemente, todavía no sean conscientes de lo que significa la muerte. Tras ellos entraban en la iglesia el hijo mayor de Céline y René, René-Charles, que llevaba del brazo a su abuela materna, Thérèse, de 89 años, una mujer que dio muestras de su entereza al estar presente en el funeral de su yerno y, al día siguiente, enterrar a su hijo Daniel Dion.

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