En febrero de este mismo año, la reina Isabel II hizo público su deseo de que, a su muerte, Camilla Parker Bowles, esposa de su hijo Carlos, fuera considerada la reina consorte. Nada de princesa. Reina. Todo un gesto con la mujer que siempre fue el gran amor de su heredero.

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"Es mi sincero deseo que, cuando llegue ese momento, Camilla sea conocida como reina consorte mientras continúa con su leal servicio”, dejó por escrito Isabel II el pasado invierno en un comunicado que marcó de manera clarísima cuál sería el papel de la duquesa de Cornualles a su fallecimiento. Cabe destacar que el marido de la monarca, jamás ostentó el título de rey consorte, y siempre fue Príncipe de Edimburgo.

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Durante años, la opinión pública se posicionó en contra de Camilla Parker-Bowles. Las declaraciones de Diana de Gales a la televisión pública británica, en las que dijo que en su matrimonio siempre había habido tres personas, señalando claramente al que fue el amor de juventud de su marido, no hicieron que la actual reina consorte recibiera muchas simpatías. No obstante, Diana fue la reina de los corazones de todos, mientras que Camilla parecía pintada como la mala del cuento.

Con este gesto, Isabel II acerca, aún más, a la esposa de su hijo a la familia. Pero, sobre todo, la acerca a los británicos. A esos que aún la miraban con desdén. La arropa y se la presenta, a todos ellos, como su nueva reina. Un gesto que, jamás sabremos, hubiera tenido con Lady Di.

La reina que empezó con peor pie

La popularidad de Camilla Parker-Bowles no fue la mejor siempre. En los años 70, y todo gracias a una amiga en común que les presentó, empezó la amistad de la actual reina de Inglaterra y Carlos III. Los dos disfrutaban con la compañía del otro. Él sabía escuchar y ella era el centro de las reuniones gracias a su simpatía. No tardaron en enamorarse, pero ella no era ‘la ideal’, aunque, con el tiempo, haya demostrado que sí. Es por eso que tras romper, Camilla retomó la relación con el que se acabó convirtiendo en su marido, Andrew Parker-Bowles, también amigo del Carlos. Es por eso que su enlace le dejó completamente hundido.

Pero Carlos y Camilla jamás se olvidaron. Siguieron con su amistad, por lo que cuando en 1980 apareció Diana en la vida de él, no resultaba extraño que los dos amigos siguieran siendo de lo más cómplices. Carlos no la podía olvidar, fue y seguiría siendo su gran amor. Mantuvieron en secreto su idilio, pero no pasó inadvertido para la princesa de Gales, que mantuvo que en su historia de amor siempre fueron tres.

Tras la separación de la princesa Diana y de Andrew, Carlos y Camilla, ya sin esconderse, hicieron público su noviazgo. Un noviazgo que se consolidó en 2005 cuando se dieron el ‘sí, quiero’ en Windsor. La ahora reina consorte ha tenido que hacer una tarea titánica para ganarse el favor de todos los británicos, que habían decidido que si en la dramática historia de Lady Di había una víctima, tenia que existir un verdugo, y este, además, debía llevar nombre de mujer. Parker-Bowles se ha ganado la simpatía