Escocia se ha despedido de Isabel II con una solemne marcha desde Holyroodhouse hasta la Catedral de St. Giles, cuyo recorrido han hecho a pie por la Royal Mile de Edimburgo el rey Carlos III y sus hermanos, los príncipes Andrés, Eduardo y Ana. En el templo de la ciudad escocesa, han presidido junto a la reina consorte Camilla, Sophie Wessex y Timothy Laurence un servicio religioso en honor a la soberana. En este solemne acto, se ha depositado sobre su féretro una imponente joya con mucha historia y perteneciente a la saga familiar real.

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La corona escocesa sobre el féretro de Isabel II en la Catedral de St. Giles

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Cordon Press

Acompañada de un precioso arreglo floral compuesto por rosas blancas, fresias, crisantemos, romero y brezo blanco de Balmoral, el castillo donde fallecía la reina Isabel el pasado 8 de septiembre a los 96 años, se ha colocado la corona de Escocia, una pieza única de 500 años de historia que mandó hacer el rey Jacobo IV en 1503. La joya, que es la más antigua del Reino Unido y una de las más antiguas de Europa, está realizada en oro escocés en el que se engarzan 22 gema y 20 piedras preciosas. El contorno está decorado con delicadas perlas de agua dulce procedentes de los ríos del país. Como el diseño de la Coronas de San Eduardo y del Estado Imperial, presenta cuatro arcos realizados en oro con hojas de roble esmaltadas en rojo que culminan en un orbe central que sostiene una cruz dorada y negra.

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Si bien fue el rey Jacobo IV el que la encargó, su aspecto actual se debe a los cambios que pidió su sucesor, Jacobo V, en 1540 y que realizó el orfebre John Mosman. El castillo de Edimburgo es el hogar donde se custodia esta pieza de medio siglo. Se trata de uno de los honores de Escocia, junto con el cetro y la espada del Estado.