El 2017 ha sido un año movidito para Paula Echevarría. Si bien su faceta profesional ha alcanzado cimas que no hubiera sospechado, su vida personal ha dado un giro de 180 grados al separarse de David Bustamante, su marido durante más de diez años.

Si ha habido alguien que no ha dejado a Paula ni a sol ni a sombra esa ha sido Alicia Hernández. La murciana es una de las dueñas de Dolores Promesas y ha sido a través del gusto de Echevarría por las prendas de la firma que a lo largo de los años se ha ido forjando una relación que empezó de manera profesional y ha terminado mucho más lejos.

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Hace casi 10 años que la asturiana empezó a lucir algunos de los diseños de Dolores Promesas. Al principio eran camisetas cargadas de mensajes positivos, que fueron dejando paso a bolsos o vestidos informales. Pero la ceremonia de los Premios Goya de 2013 fue un punto de inflexión tanto para el papel de Paula en las alfombras como para su relación con la que ya es su firma fetiche y su fundadora.

Vestida de verde esmeralda, con un vestido largo de cola y un escote de infarto, Paula Echevarría se confirmaba, así como una incipiente ‘it-girl’ y lo hacía de la mano de ‘Dolores’. El éxito del vestido fue tal que desde ese momento la actriz ha confiado a la firma de su amiga su vestuario en los momentos más importantes de su vida, como su primera aparición tras hacerse pública su separación, el vestido que llevó el día de la comunión de su hija o los estilismos que lució el día de su 40 cumpleaños.

Inseparables, hace años que Paula y Alicia comparten juntas mucho de su tiempo libre, siendo habitual verlas disfrutar de unos días de playa junto a sus respectivas familias cada verano. Este año han ido más allá y Hernández se ha acercado a Candás, el pueblo de Paula, para pasar junto a la madre de Daniella y sus amigas la última noche del año.

Así, rodeada de su familia, sus amigas de toda la vida y de su inseparable ‘Ali’, Paula ha comenzado el 2018 sintiendo el amor de sus seres más queridos.