¡La reina Sofía! Letizia nunca ha entendido el carácter de su suegra, capaz de aguantar humillaciones públicas y privadas sin apear su imperturbable sonrisa. Dicen que, cuando se fue a vivir con el príncipe antes de la boda, se asombró al ver que sus padres hacían vidas separadas y solo se dirigían la palabra en las ceremonias oficiales. Cuando preguntaba, Felipe contestaba, entre triste y molesto: “Yo no sé nada, de eso no hablamos”. Es lógico, pues, que ambas mujeres no tuvieran nada en común desde el principio y apenas se tratasen.

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Cuando Leonor y Sofía eran pequeñas, la reina se presentó en su casa para verlas, pero la nanny no la dejó pasar porque Letizia había salido y no había dado permiso para que nadie fuera a visitarlas. “Soy su abuela”, protestó Sofía, pero la salus se mantuvo firme: “La señora me ha dicho que nadie”. Cuando se quejó a Letizia, esta fue inflexible. “Perdona, pero será mejor que avises antes de venir”. El resultado fue que la abuela se pasaba meses enteros sinpoder besar a sus nietas, como confesó amargamente a un primo alemán: “A mí no me dejan verlas y, sin embargo, la abuela Paloma está siempre metida en su casa”.