Pilar Eyre

Pilar Eyre

Juan Carlos Felipe
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Felipe y Juan Carlos, una relación envenenada

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Pilar Eyre

Periodista y escritora

Felipe ha cumplido 55 años en pleno caos familiar, y las cosas, en lugar de arreglarse, cada vez van a peor, aunque en realidad las desavenencias cotidianas han sido su caldo de cultivo desde su nacimiento. Porque desde que era niño ha visto sufrir a su madre, de ahí la compasión que le inspira, de la que quiso dejar constancia en una larga mención en su primer discurso como rey: “Su dignidad y sentido de la responsabilidad merece mi emocionado tributo como hijo y como rey”, en clara alusión a las humillaciones públicas que Sofía había sufrido por parte de su marido y que ella soportaba con estoicismo.

Así, el rencor que Felipe siente ahora por su padre hunde sus raíces en aquellos años. Una hostilidad que se puso en evidencia en el cementerio de Tatoi. En ese beso “cariñoso” según los “pelotas palaciegos”, como los denomina el periodista Pablo Sebastián. Si se observa la secuencia completa se advierte cómo alguien le indica a Felipe la presencia de su padre, cómo se acerca a él de mala gana, con paso renuente, da dos besos al aire con un frotamiento de espalda con la mano, un gesto propio de personas que no se conocen mucho (copiado, por cierto, de Letizia), y pregunta: “¿Cómo estás?”, mientras Juan Carlos masculla: “Bien, bien”, con la vista clavada en el suelo. Sin saber qué hacer, Felipe le estrecha la mano calurosamente a un conocido en segundo plano y después aprovecha el saludo innecesario a una sorprendida reina Noor de Jordania para huir a uña de caballo sin mirar atrás.

Felipe
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"Machote como su padre"

En ningún momento hubo contacto visual entre padre e hijo. Letizia, por su parte, ni se molestó en salir al encuentro de su suegro. Y eso que el nacimiento de Felipe, el 30 de enero de 1968, fue uno de los acontecimientos más dichosos en la vida de Juan Carlos. No por tener un nuevo hijo, sino porque al fin, después de dos niñas, era varón, requisito indispensable para heredar la Corona. Tanto él como Sofía pasaron un embarazo angustioso, así se lo dijo la princesa a unos amigos portugueses: “Por las dificultades que he tenido en mis partos anteriores quizás no podré tener más hijos, ¡y necesito un chico!”. Claro que, con esa desenvoltura para falsear la realidad que tienen las personas de la realeza, después comentó que el tema no le preocupaba en absoluto. Fue tanta la tensión que, cuando el doctor Mendizábal le comunicó a Juan Carlos que había sido varón, se desmayó, se cayó al suelo. Cuando se recobró lo primero que hizo fue llamar a Franco: “¡Ha sido un machote como su padre!”. Felipe se crio entre algodones, con una madre que le daba todos los caprichos porque lo consideraba perfecto, un padre ausente y unos preceptores que no se atrevían a reñirlo. No le gustaba madrugar, era indisciplinado y, como es lógico, quería ser un niño más y protestaba porque no podía ir de excusión con sus amigos.

La Reina exigió que saliera con el colegio hasta que le hicieron ver el gasto que comportaba cada uno de estos paseos: escoltas, coches de vigilancia, dietas... Con 12 años concedió su primera entrevista para que dijera qué significaba ser príncipe de Asturias: “No lo sé”, contestó con ingenuidad. En otra ocasión, ya más mayor, le preguntaron cómo se informaba de la actualidad y, después de pensarlo mucho, contestó: “Escucho bastante la radio”. Y empezaron a oírse algunas críticas al papel del príncipe, aunque con la boca pequeña para no ser tachados de antipatriotas. Manuel Vicent le reprochó la “endogamia de amigos pijos” que lo rodeaban. Peñafiel declaró sin ambages que la Reina lo había convertido en un niño caprichudo y déspota. Hasta su paso por las academias militares y su grado de teniente cosecharon críticas, porque lo que los otros habían conseguido en seis años a él le había costado solo dos. Durante la guerra del Golfo declaró que, en solidaridad con las tropas españolas que estaban combatiendo, había decidido suspender sus entrenamientos para una regata. También protestaron los estudiantes cuando le concedieron la Medalla de Oro de la Universidad “por política y no por méritos” y hubo bromas cuando se dijo que había recorrido el Camino de Santiago. ¡Un kilómetro! Hasta el mismo escritor monárquico Luis María Anson hablaba de “la insaciable cortecilla de advenedizos y mamporreros del príncipe”.

Compromiso príncipes

La llegada de Letizia

Su vida sentimental pronto fue carne de portada, todas las novias recibían tantos ataques que algunas incluso renunciaron a seguir con la relación. Y si no, es el padre el que se opone: llegó a enviar a tres expresidentes de Gobierno para que lo disuadieran de seguir con Eva Sannum, cosa que al final consiguió su abuelo en su lecho de muerte. Entonces las críticas se cebaron en su soltería: a los 34 años tenía que estar ya casado y con hijos. Por eso, cuando se enamoró de Letizia, les dijo a sus padres: “O ella o nadie”. Y, a medida que el papel del padre se fue diluyendo en una espiral de escándalos, rumores, amantes y continuos viajes a los países árabes, Felipe fue adquiriendo peso. Lo que antes llamábamos desidia ahora era prudencia, lo que antes calificábamos de indiferencia se convertía en discreción.

El enfrentamiento entre padre e hijo culminó en el restaurante El Landó, donde Juan Carlos le comunicó que quería divorciarse de su madre para casarse con Corinna... y seguir siendo rey: “No te hagas ilusiones, moriré con las botas puestas”. Pero la situación se volvió insoportable, Juan Carlos no podía a veces vocalizar en los discursos por lo que había bebido y al final fue el propio Felipe el que tuvo que poner el pulgar hacia abajo y decir la última palabra: “Mi padre tiene que abdicar”. Cincuenta y cinco años de vida, veinte de matrimonio, nueve de rey. El regalo de cumpleaños de su padre no ha podido ser más demoledor: se ha hecho residente fiscal en Abu Dabi, así puede mantener su fortuna, la oculta y la otra, intacta, y blinda el futuro de sus hijas y de los hijos de sus hijas... y su presente. ¡A trabajar, señores de protocolo! ¡Todo el operativo preparado para el entierro de Juan Carlos de Borbón con honores de Estado se ha archivado en la papelera y vuelta a empezar! ¡Pero quién ha dicho que la vida iba a ser fácil, quién!