En Palma, el rey Juan Carlos se escapaba en helicóptero para ver a alguna novia; en Barcelona también tenía varias, una de ellas una pariente política, otras señoras ‘bien’, una con título, a otra le puso un piso… Con algunas se veía en un apartamento en Gavá. Todo ello conllevaba arduos movimientos de los servicios de seguridad y la complicidad de las autoridades locales. Su amigo Fermín Bouza explicaba que al rey se le ofrecían multitud de mujeres porque el brillo de la corona era irresistible y además “todo” le funcionaba, ya que él personalmente le había confesado que “de próstata, bien”.

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La misma Corinna contó que ella había abandonado al rey por sus infidelidades con varias mujeres y en esa época ¡tenía 75 años! Desde aquella conversación en la que el rey le dijo que en la práctica estaban separados, Sofía no ha tenido más remedio que aceptar la situación, a veces incluso con humor. Un día de Corpus Christi en que los reyes visitaban el convento de las Huelgas Reales, Juan Carlos se aburría y quería irse. Como Sofía se quedó rezagada hablando con unas religiosas envió al amigo a buscarla. “Señora, dice el rey si es que pensáis meteros a monja de clausura”. A lo que la reina contestó: “Dile que no sería malo que se metiese él”.