El viernes por la tarde salió la madre de todos los gordos de todas las loterías habidas y por haber y que en el mundo fueron, son y serán. Kiko Rivera nos avisó por mensaje a Chelo García-Cortés y a mí de que no estaba dispuesto a tolerar más declaraciones falsas de su madre. El tono de los mensajes no dejaba lugar a la duda: de hartazgo. Jamás, repito, jamás, Kiko le había plantado cara públicamente a su madre, Isabel Pantoja. La guerra está servida. No vale ninguna excusa. El mensaje que me envió era muy claro: “Prefiero callarme porque si no se iba a liar demasiado gorda”. El que le envió a Chelo era todavía más duro. Kiko no tolera que su madre vaya contándole a compañeros de la profesión a los que no soportaba –por decirlo finamente– que el niño gasta el dinero de una manera muy frívola.

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Estos desencuentros entre familiares suelen acabar muy mal. Una discusión aparentemente tonta, un choque de opiniones que parece no tener mayor recorrido se convierte en el inicio de una serie de reproches que terminan remontándose a la primera papilla. Lo tiene crudo la Pantoja porque hasta la fecha su hijo había sido su mayor valedor, su escudero más fiel, la persona que jamás había puesto en tela de juicio ningún comportamiento de su madre. Pero también la paciencia de Kiko tiene un límite y, si decide hablar, la imagen de Pantoja podría quedar destruida para siempre. No por lo que dijera sino por quien. No es lo mismo que te cuestionen los de toda la vida que tu hijo adorado.

Hace muy mal Isabel Pantoja en coger el teléfono y hablar con los periodistas para defenderse y cargar contra sus hijos. Ella, que ha sabido siempre manejar tan bien los silencios, está cometiendo errores de novata. La cagó cuando su hija estaba en ‘GH VIP’ y llamó a ‘Sálvame’, y está volviendo a meter la pata con su hijo mayor. No es propio de ella. Algo le está pasando desde hace ya algún tiempo para caer en estos errores tan garrafales. Creo que le está pasando factura el aislamiento de Cantora. Y sus hijos no pueden dejar de acusar ya el agotamiento que supone lo que le cuesta a la madre bajarse de sus zapatos de artista. Isabel Pantoja encima de un escenario es la bomba, pero convivir con esa misma Isabel Pantoja artista las 24 horas del día debe ser una asignatura difícil de tragar.