Yo era uno de los que creía que no resultaba estético que Fernando Simón fuera a ‘Planeta Calleja’ con la que estaba cayendo, que es una expresión que a partir de ahora entra a formar parte de las que más detesto. Porque, claro, ‘con la que estaba cayendo’ Simón podía irse tres días de vacaciones a una casa rural en Cuenca, pero no con Calleja. Porque la mujer del César no solo debe ser sino también parecer, que es otra expresión que tal baila. Ese era mi pensamiento. Vino Calleja al ‘Sálvame’ a promocionar su programa el martes y le dije: “Felicidades por ti, mal por Simón. Le está dando munición al enemigo”. Calleja me respondió: “Primero, mira el programa y, después, me cuentas”. Y yo: “Que no, que no”. Vamos, que me convertí en uno de esos que tanto reparo me dan: un purista, un saco de prejuicios.

El viernes veo el programa y me cabreo conmigo mismo por haber sido tan imbécil. Qué necesaria la presencia de Fernando Simón explicándose. Y creo que no podría haber escogido un sitio mejor porque tuvimos la oportunidad de comprobar la calidad humana de un profesional que nos lleva acompañando desde hace meses. Me gustó ver a Fernando Simón, sus explicaciones, sus reflexiones. Me encantó ver cómo ante la pregunta de por qué el virus había golpeado con menos fuerza en Alemania respondió: “No lo sabemos”. Hay que tener mucho conocimiento y mucha seguridad para tener la valentía de poder llegar a esa conclusión. Saber que estamos en manos de funcionarios como Fernando Simón me tranquiliza. No hay crítica que valga. Desde luego que tocará hacer examen de conciencia, pero para todos. El primero, el Gobierno. Después, esa bochornosa oposición cuya aportación ha sido desde lamentable a deleznable. Y convendría que todos aquellos que han puesto en duda continuamente las opiniones de los expertos callaran de una vez por todas y dejaran trabajar a los que saben. Los licenciados en todología dan asco en general, pero, sobre todo, cuando tiene que ver con temas relacionados con la salud.

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Sucedió un sábado durante un ‘Deluxe’ de pandemia. Entraron algunos políticos relevantes al programa y me saturé. Y, entonces, le imploré a Patricia –mi directora– que en la medida de lo posible no entrara nunca más ninguno para soltarnos el rollo, fuera del partido que fuera. Patricia, que me cuida como una madre a un hijo adolescente cabrón, aceptó. Se lo agradezco infinito. No soporto a un político hablando de política en un plató. Ojalá nunca tenga que tratar con ellos. Además, creo que algunos programas de televisión abusan demasiado de ellos. El tiempo que pasan en los platós o en las radios dejan de dedicárselo a sus trabajos. Si antes nos quejábamos de que hablaban poco, ahora hablan por demás.