Espero hasta el jueves para empezar a escribir este blog. Creo que hoy doy gracias porque la noticia de la marcha del rey emérito no me haya pillado trabajando en la tele. Conociéndome, habría pedido referéndum sobre la monarquía inmediatamente. Hoy, después de leer informes y opiniones de uno y otro bando, llego a la conclusión de que entiendo a todas las partes. Y de que no creo que sea el momento para cuestionarnos la monarquía. Habrá quién diga: “Es que nunca es el momento”. Y tienen razón. Pero de todo lo que tenemos ahora encima no creo que el principal problema sea Felipe VI. Es más: es que a lo mejor no es ni un problema. Lo que es un problema es que tras varias crisis económicas y una pandemia exista una institución tan poco transparente como la monarquía. Pero si sabemos lo que en realidad significa tener un rey –relaciones internacionales, agenda, accesos vetados a otros mortales– probablemente queramos quedarnos con él. Llamándole ‘rey’ o ‘relaciones públicas deluxe’, yo qué sé.

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A mí es que los reyes actuales no me molestan.Los que me estorban son los cortesanos que han aparecido ahora rasgándose las vestiduras porque las críticas contra el emérito arrecien y haya decidido –o le hayan decidido– largarse de España. Reconozcámoslo: el emérito tiene mala defensa. Entiendo que la gente de cierta edad le guarde un respeto y un cariño a esa figura que le ha acompañado durante momentos claves de la historia reciente de nuestro país.

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Y que, pese a la decepción que haya supuesto descubrir su excesiva pasión por el dinero, no puedan olvidar los servicios prestados. Supongo que habrá ahí un cierto síndrome de Estocolmo. Pero como según recoge El País fue el mismo emérito el que le dijo a un amigo que la gente de menos de 40 años lo recordará por ser “el de Corinna, el maletín y los elefantes”.