En el ranking de los vestidos de novia más recordados, para bien y también para mal, está el de Rocío Carrasco en su primera boda. La hija de Rocío Jurado tenía 18 años cuando formalizó su relación sentimental con Antonio David Flores y su boda se convirtió casi en un asunto de Estado. Ya se encargó Rocío Jurado de que así fuese. La cantante quería que su hija llegase al altar con aires de realeza -casi compartió enlace con la infanta Elena y Jaime de Marichalar- e ideó un estilismo que impactase a primera vista. Vaya si lo hizo.

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Antonio David Flores ponía cara de circunstancias cuando, años después, le recordaban en 'Sálvame' el estilismo con el que Rocío Carrasco llegó a la iglesia de la Finca Yerbabuena. El ex guardia civil contraía matrimonio con la hija de Rocío Jurado y toda España estaba pendiente de ellos. Sus imágenes, de hecho, hicieron historia y pudimos verlas en un bucle constante que, a día de hoy, ha vuelto a coger peso. Y entre todo lo que vimos, allí estaba el vestido de Rocío Carrasco. EL VESTIDO.

La hija de la cantante, pese a reconocer que su madre fue quien cogió la batuta en lo que a organización se refiere, puso mucho empeño en que aquella boda fuese parecida a la de sus sueños. Diseñó el vestido junto al encargado de confeccionarlo, Antonio Ardón, aunque a la tonadillera le pareció muy atrevido e hizo poner más encaje para tapar los brazos de su hija. También, según se publicó en su momento, ideó los anillos con los que Antonio David y ella se dieron el 'sí, quiero'. Del peinado, eso sí, parece que no dijo nada.

Rocío Carrasco

Rocío Carrasco en el día de su boda con Antonio David

Archivo Lecturas

Rocío tiró por unas larguísimas uñas de porcelana, muy a la moda actual pero muy poco a la de 1996. Lo combinó con lentillas azules, que no era la primera vez que se ponía, y remató con un estilismo capilar que, desde luego, fue la joya de la corona. Para lograr esos tirabuzones, Ruphert se llevó dos kilos de pelo de india recién llegado de Perú amén de un buen alijo de otro tipo de postizos, por si acaso. Tiñó como pudo el pelo de Rocío, incrustó el pelo y ahí, el velo. El resultado, como mínimo, digamos, lllamativo.

Poco tenía que ver la imagen a la que nos tenía acostumbrados Rocío Carrasco con lo que los invitados se encontraron en la ceremonia. La hija de la más grande presentaba su versión más adulta. Dejaba de ser la joven rebelde para formar una familia -estaba, de hecho, embarazada de tres meses-. A partir de ahí, la historia empieza a fallar. El amor que exhibía la pareja dejó paso a posados y entrevistas donde la distancia, vista con perspectiva, era más que evidente. Veinticinco años después nos seguimos preguntando: ¿qué pasó con los dos kilos de pelo?