Lo de mis citas por Tinder me lleva a teorizar sobre la pareja con los chicos con los que quedo. Intercambiamos impresiones, pareceres. Tarde o temprano se habla de las parejas abiertas, de la conveniencia de dejar entrar o no a terceras personas para oxigenar relaciones. Creo que en ese aspecto me estoy volviendo cada vez más conservador.

Entiendo que, cuando llevas algún tiempo con tu pareja, te apetezca darte un meneo por ahí, pero no como costumbre. Porque entonces tu pareja deja de serlo para convertirse en un colega. Y estoy empezando a entender la pareja como algo más profundo, un algo con un compromiso. ¿Será la edad? ¿La necesidad de agarrarse a algo sólido? No tiene que ver con la moral ni nada de eso, creo que es por una necesidad de no estar comiéndome la cabeza con asuntos para los que, por educación, no estoy preparado.

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¿Se lo pasará mejor con el otro?”. “¿No le basta con mi cuerpo?”. Ya digo que comprendo que de vez en cuando a nadie le amarga un dulce, pero a mí lo de las jornadas de puertas abiertas en la pareja no me convence. Como mucho, dejarlas entornadas. En cualquier caso, he decidido que de los 50 a los 60 voy a estar brincando de cama en cama.