Ana María tiene cuarenta y cuatro años. Ella sabe que se casó y que tiene un hijo con un hombre bastante más mayor que ella. En principio, todos creemos que la diferencia de edad en una pareja no es ningún obstáculo, pero hay momentos en que sí lo es y hay que ser honestos para decirlo y afrontarlo. Antes de acabar el año, Ortega Cano pasó unos meses muy delicados de salud y vi a Ana María profundamente preocupada por saber qué le pasaba a su marido. Le hacían pruebas, no encontraban nada y yo veía la angustia en el rostro y en las palabras de ella. Luego el maestro ha mejorado y ella ha esperado a esa recuperación para pedirle a la persona que quiere y de la que dice estar enamorada que quiere compartir y disfrutar la vida con él. Necesita sentir que tiene también su lugar en la casa de su marido.

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Rocío Jurado es Rocío Jurado y nadie podrá sustituirla, pero Ana María Aldón se ha ganado su sitio en la vida de su marido. Sitio que desgraciadamente parece no respetar ciertas partes de la familia del torero. Ahora, hay que tirarle dardos a Ana María por decir, con todo el respeto del mundo, que quiere disfrutar la vida con su marido y salir a cenar, al cine, a un evento..., porque tiene la maravillosa edad de los cuarenta y tantos para vivir. La etapa más feliz de mi vida fueron los principios de los cuarenta. En esa etapa yo ya estaba serena en mi vida. Mi hija dependía menos de mí y durante los años en los que no tuve pareja hice lo que quise, cuando quise y como quise. Después de esta reflexión personal y volviendo a mi compañera, se me cae la cara de vergüenza cuando escucho manifestaciones como: “Si ella lleva al niño al partido de fútbol”. ¡Esto qué coño es! ¡Ustedes de qué están hablando!