El feminismo debería ser materia obligatoria

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Huelga feminista

En la EGB, las niñas hacían labores del hogar y los niños, pretecnología, que fue el nombre que le pusieron a los trabajos manuales de toda la vida. De esos absurdos trabajos manuales no recuerdo casi ninguno porque era un negado y me los hacía casi todos mi hermana mayor. Habría sido muchísimo mejor poder elegir las labores sin temor a que me llamaran marica –que ya lo era– porque creo que me habrían salido muy bien las cosas de coser que tenían que hacer mis compañeras. Teniendo en cuenta que mi madre se sacaba un sobresueldo zurciendo, hubiera podido practicar con ella y convertirme en el mejor de la clase. Pero nada. Malgasté el tiempo con la dichosa pretecnología y, ahora no sé ni coser un botón ni arreglar un enchufe. Una auténtica desgracia. Me gustaba jugar con muñecas y saltar a la comba. No sé yo si por ser marica o porque prefería estar rodeado de chicas. Me lo pasaba muchísimo mejor con ellas que con los niños de mi edad, con los que no tenía mucho que ver. Me sigue pasando. Suelo aburrirme en una conversación de hombres heteros. Me parecen previsibles y, en general, poco dotados para el sentido del humor. Hago todas estas reflexiones mientras veo un documental titulado ‘Retratos del feminismo’. El feminismo debería ser materia obligatoria. Olvidar la lucha que desde hace tantísimos años están llevando a cabo las mujeres me parece un gravísimo error, pero le damos de lado porque no nos conviene profundizar en ella. Deja al descubierto demasiadas vergüenzas y muchísimo dolor. Le dice Carmen Cervera a Évole en ‘Salvados’ cuando este le pregunta si es feminista: “Soy femenina. Las mujeres somos muy bonitas y muy guapas y somos las mamás de los hombres”. Y se queda tan ancha como las tres Gracias de Rubens juntas.

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Jorge Javier Vázquez

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