O los que no quieren que pienses que les impresiona tu fama y te dicen: “Yo es que tus programas no los veo”. O directamente: “Es que a mí ese tipo de programas que presentas no me gustan”, que es algo que me parece el colmo de la mala educación. Los que más me incomodan son los que ves que hacen esfuerzos para acostarse contigo porque les mola lo de hacérselo con un famoso, pero les tira para atrás el tema de la edad. A esos hay que quitárselos de encima rápido porque son un arma de destrucción masiva para tu autoestima. Tus estrías cobran muchísima relevancia a sus ojos. Es como si aplicasen una lupa que todo lo magnifica. Total, que ando en crisis sentimental y no digamos ya sexual.

A mí me gustaría ser como mi amigo G., que se fue el otro día a correr al Retiro y, al acabar, abrió el Grindr, empezó a hablar con un maromo de la zona, y acabó, a los tres cuartos de hora, en su cama después de haber pasado previamente por su ducha. Para lavarse, digo. A mí, me gustaría ser así, pero me muero de vergüenza pensando que al dirigirme al piso del ligue tengo que coincidir en el ascensor con algún vecino. O a la salida del portal. Si a veces no me miro en el espejo para no tener que saludarme. Y luego es que también me da apuro pensar lo que imaginarán los que se acuesten conmigo.

Antes, como me gustaba más beber, pues me daba bastante igual. Ahora que me estoy quitando, me da un poco de mal rollo porque creo que el otro tiene unas expectativas que probablemente no se cumplan. Me la baja pensar que no voy a estar a la altura. Cuando uno conoce a alguien a través de la televisión, siempre se ha forjado una idea que poco tiene que ver después con la realidad. Total, que entre unas cosas y otras, el verano me lo estoy resolviendo yo solito. Y ni tan mal, oye.