"La foto de mi vida". Una frase y una imagen que cierra una de las historias más descarnadas del panorama social de nuestro país. El 14 de febrero Manuel Díaz 'El Cordobés' (54 años) aparecía abrazado a su padre, Manuel Benítez (86 años), después de cinco décadas de dolor. El torero llevaba desde los 15 años intentando acercarse a su progenitor, buscando su cariño y el reconocimiento de sus lazos de sangre. Casi 40 años de desprecios públicos en los que ha luchado por conseguir su lugar en el corazón de Manuel Benítez y en dar su sitio a su madre, María Dolores Díaz González.

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Manuel Díaz da su lugar a su madre tras la reconciliación con su padre, Manuel Benítez

Precisamente, su rueda de prensa este martes en el Espacio Zenit de Madrid ha sido su manera de reconocer más que su lucha, la de su madre, siempre discreta, siempre apoyándole en una empresa que, cuando empezó, parecía imposible conseguir. El emotivo relato de Manuel Díaz también ha sido un mensaje de amor para su mujer, Virgina Troconis (43 años), que no le ha soltado la mano cuando ha querido tirar la toalla incluso cuando las pruebas de ADN y la Justicia reconocían su parentesco. El diestro no ha dado puntada sin hilo y no han pasado desapercibidas sus indirectas a Martina Fraysse, exmujer de Benítez, cuando ha despejado las incógnitas sobre su reconciliación.

Manuel Díaz El Cordobés

Manuel Díaz El Cordobés ha contado las claves de la reconciliación con su padre

Gtres

"Esto es la historia de un chaval que nace, se cría en el respeto y en el amor hacia una persona que no existe. Eso se lo debo a mi madre. Ella ha sabido convertido lo negativo de mi vida en positivo", ha resumido con naturalidad y bondad infinitas, y poniendo en valor el papel fundamental que, en un discreto segundo plano ha jugado su madre.

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Después de intentar un acercamiento a través de mediadores que compartían padre e hijo por sus círculos de confianza, Manuel Díaz toma la determinación de "tomar las riendas". Ya se había hecho las pruebas de ADN que confirmaban en un 99'9% que Manuel Benítez era su padre y la Justicia lo ratificó en 2016 en sentencia. Había conocido también a sus hermanos Julio y Chema, pero un sentimiento descorazonador estuvo a punto de hacerle tirar la toalla. "Me di por vencido, no quiero seguir, tengo una familia preciosa, más de lo que soñé", ha seguido contando.

Sin embargo, en 2018 hace un 'todo o nada' y, para su sorpresa, "fue muy fácil, porque estaba haciendo lo que me pedía el corazón y mi verdad. No me importaba encontrarme con una negativa". Antes de la primera foto con su padre, han habido dos encuentros. El primero, en solitario, en el que tuvieron un papel fundamental María de los Ángeles Quesada, actual pareja de Benítez, y Virginia Troconis. "Entramos en contacto directo por primera vez y yo me decía a mí mismo: "Esto no lo voy a perder". Yo necesito verlo a medio metro de mí, lo necesito. Es algo vital en mi vida". "Al principio fue contacto telefónico, hasta que llega al día que decidimos vernos", recuerda, además de las personas que lo hicieron posible: "Esas personas fueron Mari Ángeles, que es un ángel en la tierra, y ha hecho posible que esto haya sucedido, mi mujer Virginia y yo".

"Hijo, todo llega. Ya estamos aquí"

A través de la comparación que ha usado para explicarlo, la primera vez frente a frente no pudo ser más cinematográfica. "Él me estaba esperando en medio del camino, salgo del coche y me dijo: "Hijo, todo llega. Ya estamos aquí". Manuel tiene claro que fue en ese justo momento en el que "nacimos los dos". "Esas palabras saliendo de su boca se me clavaron dentro. Se me nubló todo y me vi a su lado, tocándolo… Fue una sensación increíble, no lo había sentido con nadie, no me lo podía creer.", ha confesado.

Aún no se ha planteado si cambiará su apellido (él tomó el de su madre) y zanja cualquier polémica pasada y futura con seis palabras: "Lo demás ya no tiene sentido". Manuel Díaz lleva años trabajando el perdón hacia su padre, y solo así ha podido acercarse a él sin juzgarle e incluso pidiéndole perdón. "Yo me senté y solo le dije: “Perdona si he hecho en mi vida algo que no debiera, pero las circunstancias me han obligado”. "Necesitaba decírselo", ha confesado. Benítez, en su proceso de redención, respondió a este acto de bondad de su hijo: "Me dijo: “Perdóname tú a mí”.

"Hay dos cosas que no se pueden eclipsar: la felicidad de mi padre y la verdad de mi madre"

"La palabra "papá" no la tengo interiorizada", confesó a su padre al preguntarle cómo le llamaba. El Califa no tuvo dudas, "¿qué me va a importar que me llames papá?". Un encuentro mágico que siguió al poco tiempo en una reunión familiar. "Mis hijos estaban muy nerviosos y emocionados", ha explicado, "hay una imagen que tengo grabada en mi mente que son los cuatro abrazados. Me acerqué a él, le cogí la cara y le dije: “¿Tú sabes por qué ellos te quieren? Porque yo les he enseñado a quererte”. Unas palabras que siguieron a un sincero abrazo y que reconoce: "Yo merecía vivirlo en privado".

Antes de acabar su emocionante relato, Manuel Díaz ha vuelto a dejar claro que este proceso de reparación, lo es también de su madre, deslizando una nueva indirecta hacia Martina Fraysse, de quien se dice que ha puesto durante años trabas a este final que, en el fondo de los corazones de los implicados, sabían que iba a producirse tarde o temprano. "Cuando él me pega el abrazo había dos cosas muy importantes que no se podían eclipsar: la felicidad de mi padre y la verdad de mi madre", ha zanjado.