El Principado de Mónaco vivía uno de los días más tristes de su historia el 14 de septiembre de 1982 cuando, unas horas después de sufrir el fatídico accidente de coche junto a su hija Estefanía, Grace Kelly perdió la vida. Nadie sufrió esta pérdida más dolorosamente que su esposo, el príncipe Rainiero. "Tu muerte debe haberme endurecido", admitía el jefe Grimaldi con sinceridad. "Estaba profundamente afectado y no era exactamente el mismo hombre que antes del accidente", confesaba su hijo Alberto en 2017.

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El príncipe Rainiero quedó devastado tras la muerte de su esposa, por lo que pasaron varios años antes de que el soberano quisiera volver a abrir su corazón. Sin embargo, después de un tiempo, apareció alguien con quien Rainiero III llegó a imaginarse un futuro en pareja.

Rainiero y Grace Kelly
Gtres

Ella era nada más y nada menos que Ira von Fürstenberg, reconocida actriz italiana que en 1992 hablaba precisamente de esta proposición. Fue en agosto de 1985 cuando los rumores sobre su relación con el príncipe monegasco se hicieron más fuertes. Los dos fueron vistos juntos en el baile de la Cruz Roja. En ese momento, Rainiero y la italiana se conocían desde hacía 23 años. "En 1985, el príncipe Rainiero estaba solo. Nuestra profunda amistad nos acercó, por lo que la prensa casi nos puso en un compromiso", explicaba Ira a Point de Vue.

Tal y como revelaba Alfonso von Hohenlohe a Bunte, al fallecer el príncipe Rainiero en 2015, su exesposa había recibido una propuesta de matrimonio del soberano monegasco. La noble no estaba segura de si debía aceptar la oferta. Segúnel citado medio, Alfonso von Hohenlohe aconsejó a su exmujer que aceptara la propuesta de matrimonio. Sin embargo, la Casa del Príncipe de Mónaco nunca se ha pronunciado oficialmente sobre este asunto.

Ira von Fürstenberg
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La actriz, que protagonizó más de 20 películas -no con tanto éxito como Grace Kelly-, se codeaba con el glamour de Hollywood, y estaba relacionada con el príncipe a través de un antepasado común, Lady Mary Victoria Hamilton, esposa de Alberto I. Sin embargo, tal y como ella misma reconocía, "tuvieron suerte de no atraparme". A pesar de que la proposición cayó en saco roto, ambos mantuvieron una estrecha amistad hasta la muerte del soberano de Mónaco.