Con tantos terribles acontecimientos en la Casa Real británica es normal que sus integrantes sufran episodios de estrés. Desde los últimos meses de Isabel II hasta ahora, Carlos III (75 años) y su familia no pasa por uno de sus mejores momentos. La huída de Meghan Markle y Harry a Estados Unidos (y sus intentos fallidos por volver), el cáncer del Rey, las demandas de abuso del príncipe Andrés, la cirugía abdominal de Kate Middleton, el intento porque Camila deje de ser "la mujer más odiada" del país... Sin duda un sinfín de polémicas y retos que afectan duramente a los miembros de la Corona. 

¿Cómo se gestiona el estrés? ¿Hay alguna manera de detectar que Harry o Carlos están a punto de explotar? Un experto en lenguaje corporal, el exagente del FBI Joe Navarro, releva en 'The Guardian' cómo padre e hijo gestionan su ansiedad social. Detalles y gestos que pasan desapercibidos y que se repiten en eventos reales y apariciones públicas una y otra vez.

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Según el experto, el rey Carlos "siempre está jugando con sus gemelos" y "el príncipe Harry siempre se está abotonando el botón que ya está puesto". "Se trata de medidas reconfortantes para afrontar la ansiedad social", dice Joe en el citado medio. Por el contrario, si el monarca se encuentra un espacio seguro y sin nervio ninguno, lo que hace es "entrelazar y relajar los dedos de sus manos, mostrando un leve gesto tranquilo y reconfortante", añade la experta medios de comunicación Sonia Beldom a la agencia de noticias PA. ¿Y Guillermo? ¿Cómo se comporta el heredero al trono de la Corona británica? "El príncipe Guillermo parece "estar está fuera de esa escala" porque él "busca consuelo poniendo una sonrisa rictus que la mayoría de los humanos evolucionados ya no saben cómo activar, habiéndola utilizado por última vez tratando de no ser atacado por un guepardo". 

Los detalles que delatan a Guillermo 

Hace unos días que Guillermo acudió solo a los premios BAFTA, una cita a la que solía ir acompañado de Kate, quien todavía tiene unas semanas hasta poder estar recuperada completamente. A pesar de esas grandes sonrisas, gestos, chascarrillos con los invitados y risas que tuvo que fingir durante la gala, está claro por la prensa británica que a Guillermo no le fue nada bien. El disimulo no es lo suyo. La ceremonia de los Premios Bafta en el Royal Festival Hall de Londres devolvió al príncipe a la vida pública después de una semana de descanso en la que aprovechó para mudarse a Sandringham junto a su mujer y sus tres hijos.

En estos galardones, como en otras entregas de premios, se pueden ver rostros de sorpresa, de estupefacción, de disimulo... Un sinfín de gestos y reacciones seguramente milimetradas que solo los grandes actores pueden interpretar. Si el resto del mundo nos pusiéramos a intentarlo parecería que nos han pillado haciendo algo terrible. Por eso la prensa inglesa dice que el príncipe Guillermo debe practicar más. Y es que tiene que sonreír aunque no le apetezca, saber qué películas están nominadas (o al menos haberlas visto), no reírse demasiado y no aparentar mucha ansiedad. Sin duda algo agotador para alguien que no se dedica a la interpretación, a pesar de que su educación se haya basado en ser consciente y en estar bien en todo momento. "Ha llegado a la cima de su entrañable torpeza", relató Zoé Willams al citado medio, donde explicaban que al contrario que su hermano y su padre el príncipe de Gales es más parecido a un libro abierto porque se le nota cuando está estresado. 

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De hecho, el hecho de tener a dos familiares cercanos como son su padre y su mujer enfermos provoca que en los eventos se le vea "torpe". "Eso es fuente de estrés siempre, y de preocupación. El estrés es aquella sensación que tiene la persona de que la situación le sobrepasa. Todos la tenemos cuando los seres queridos están sufriendo o cuando no gozan de salud. La salud física o psíquica, es lo que más nos preocupa en la vida", explica la psicóloga Elena Daprá sobre la situación por la que estaría pasando ahora mismo Guillermo. De hecho, estas declaraciones se suman a los dos adjetivos que los británicos pusieron hace unas semanas al hijo de Carlos III: "cansado" y "estresado".