Isabel Pantoja está viviendo un auténtico duelo lorquiano. Luto en sus vestimentas, luto en su comportamiento. Su hija no se cansa de repetir que la muerte de su abuela ha dejado a su madre completamente devastada, sumida en una profunda depresión que la tonadillera no sabe (y quizás ni quiere) digerir. Por si este trance no fuera suficiente, cinco meses después del fallecimiento de doña Ana, su estrella polar, se ha vuelto a sentar en el banquillo de los acusados por un supuesto delito de insolvencia punible por el que se le pide 3 años de cárcel. Ante la perspectiva de uno de los días más duros de su vida y tras meses recluida en Cantora, Isabel Pantoja reapareció ayer vestida de un luto riguroso que solo quedaba roto por el amuleto de plata que lucía en su cuello. ¿Qué era?

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Isabel Pantoja siempre ha sido una fiel devota de la Virgen del Rocío y quiso que ayer, en su vuelta a los juzgados de Málaga, le acompañara. En su pecho, y como el que porta un escudo, reposaba esta figura realizada en plata labrada que representa la forma característica de esta virgen de Huelva. En su cuello, un cordón también de plata, grueso y robusto. La medalla fue la única concesión que se permitió la artista, que lucía muy diferente a cuando se sentó por primera vez en el banquillo hace ya 10 años por blanqueo. Una mujer completamente arrasada por la vida, que ha escogido la soledad sin más compañía que la de su hermano Agustín, que ayer también declaró ante el juez. Pantoja lloraba y negaba con la cabeza, no podía creerse que el capítulo más pesadillesco de su vida se estuviera repitiendo.

Isabel Pantojal

Isabel Pantoja lucía un amuleto muy importante para ella al cuello: una medalla de su querida Virgen del Rocío 

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Recordemos que Isabel Pantoja, además, está muy unida a la localidad onubense de El Rocío. Allí posee una casa (donde se recluyó con su hijo Kiko Rivera con la intención de que este se curara de sus adicciones, pero sin la ayuda terapéutica que él realmente necesitaba), y en sus años de más alegría era una fija en las romerías; fue en una donde gritó a los cuatro vientos su amor por Julián Muñoz; un amor que después le condujo a la ruina más absoluta. Incluso, en el año 1994 protagonizó un programa especial que se llamaba ‘Al Rocío, con Isabel Pantoja’ donde las cámaras acompañaban a la hermana de Bernardo Pantoja en su recorrido desde Sevilla hasta las marismas del Guadalquivir para llegar y cantar ‘con un olé’ a la Virgen.

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En ‘Supervivientes’ la vimos llorar por tener que desprenderse de su Virgen del Carmen y del Rocío. Incluso llegó a fantasear con que, si ganaba un juego de recompensa, iba a pedir que le llevaran a sus santas con ella. No pasó. Al final, como objeto personal, escogió el oso de su nieto Albertito, su debilidad, con el que Isa siempre ha dicho que tiene una conexión maravillosa. Le pesó más lo emocional que lo divino. Ahora, despojada casi del trato de su familia, solo le queda aferrarse a su virgen.

VIRGEN DEL ROCIO

La Virgen del Rocío es de las pocas cosas que le quedan a Isabel Pantoja ahora que la relación con sus hijos está en punto muerto

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