El 22 de abril se cumplieron dos años desde que dejé ‘Sálvame’. No fue fácil, porque me fui con una mano delante y otra detrás. No encontraba mi espacio y las cosas se habían convertido en infelicidad. Durante estos 24 meses, me he sentido halagada de que hayan querido que volviera a formar parte, otra vez, de un programa único. Cuando eres feliz lo pasas mejor que en ninguna parte, pero cuando vienen las tormentas son auténticos huracanes que te llevan por delante. Echando la vista atrás, prefiero quedarme con lo bueno y quiero hacer un reconocimiento a los que cada día sacan adelante un programa líder. Hablo del equipo que el público no ve y que, incluso, no tiene cara para muchos de los colaboradores. Son personas que, con su silencioso trabajo, se dejan la piel cada día para que ‘Sálvame’ sea un éxito y para que los que hacen pantalla brillen cada tarde. Los nueve años que trabajé allí siempre comía en la redacción en la mesa de Raúl Prieto, antes de empezar la reunión de escaleta. Eso me ha permitido compartir confidencias, alegrías y tristezas con los compañeros de redacción. Cuando los días eran buenos, todo era muy agradable. Sin embargo, en mis días de tormentas sentía sus miradas de complicidad y de autocrítica. He visto reflejada en una mirada cómo un compañero me decía: “He hecho un vídeo en el que vas a escuchar cosas que te van a doler”. Todo eso formaba parte de su duro trabajo. Me pongo en la piel de los redactores cuando tienen sentimientos hacia una persona y de alguna manera saben que tienen que arrasarte. A todos les he agradecido su profesionalidad a la hora de hacerlo, pero, sobre todo, el cariño de sus miradas en las que me pedían perdón porque sin quererlo me iban a hacer un daño inmerecido sin estar de acuerdo. Tampoco es fácil para los que me han hecho guardia y me miraban diciendo: “Tengo que hacerte esta pregunta aunque soy tu amigo”. Siempre he intentado que todos sintieran mi cariño, aunque no les haya podido dar unas declaraciones. Eso forma parte de ser unos grandes profesionales y jamás les haría responsables a ninguno de ellos de mis días malos allí. Tengo su afecto y me he sentido arropada por todos. Ninguno de los colaboradores brillaríamos si detrás no estuviera ese equipo de profesionales.

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“Me siento muy querida”

En este tiempo, para mí ha sido importante recibir mensajes de mis compañeros de coordinación, redacción y producción diciéndome: “¿Cómo estás? Te echamos de menos”. Esas palabras son las que me reconcilian con ‘Sálvame’. Me siento querida y respetada por ellos. Por eso, hago este reconocimiento a cada uno de los trabajadores anónimos de Sálvame: A, B, D, E, K, R, V, H, L, S, G, M, O, N, J y a tantas letras que se me quedarán en el camino. Todavía me pregunta la gente: “¿Echas de menos ‘Sálvame’?”. Los días buenos claro que sí, pero estoy contenta y agradecida de estar en Cuarzo y en ‘Viva la vida’. Me fui porque quería luchar por cosas que me apetecían. Algunas las he conseguido, otras están en el camino y no he tirado la toalla, que es lo que siempre me han enseñado.