Hoy es el blue monday, el lunes más triste del año. Ya tengo una excusa para justificar mi inquietud, pero creo que tiene más que ver con la prueba de mañana. Otra vez.

Todavía tengo en la ingle el morado del cateterismo del 3 de diciembre, así que si me tienen que operar otra vez mi cuerpo va a acabar pareciendo el Vaticano de tanto cardenal. Porque, con la medicación que me tomo, golpe que me doy, moratón al canto. Es un chiste muy malo pero es que las gracias rancias me dan mucha risa. No es miedo, es incertidumbre.

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Cada vez que se acerca una nueva prueba empiezas a pensar que por qué tiene que salir bien. Y eso que yo soy optimista por naturaleza, aunque cada vez lo tengo menos claro. No sé lo que soy.

La paleta de humores que puedo sentir a lo largo de media hora es bastante amplia, así es que mi estado civil es, en estos momentos, desconcertado. Porque tú te puedes encontrar muy bien, pero luego viene el tío Paco con las rebajas y te dice que tampoco exageres.

Que el tercer lunes de enero sea el día más triste del año es algo que me atormenta porque yo, que soy de tomármelo todo muy al pie de la letra, entiendo que debo estar con el ánimo por los suelos. Como no sucede, me siento frustrado, así que deben tener razón. Si no el que más, hoy es uno de tantos esos lunes. Un rollo, vamos.