Me gusta haber aparcado esa frustrante necesidad de gustar y no engañarme con los hombres

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Recuerdo haber leído en ‘El País’ una entrevista de un director de cine –Iñárritu, quizás– en la que afirmaba que a partir de los 50 tuvo la sensación de que las luces de la fiesta se iban apagando. Hace días que no consigo dejar de pensar en esa reflexión. Seguro que muchos de los que me lean pensarán: “Menuda tontería, ya está otra vez con lo de la edad” y cosas por el estilo. No creo que la frase tenga que ser necesariamente negativa. Ni que los 50 sean los nuevos 30 o al menos espero que no sea así. Porque yo, a los 30, era un mar de dudas, un ser atolondrado y colmado de inseguridades que avanzaba por la senda de la vida a machetazos. Inquieto, muy vulnerable y con muchísimos miedos a cuestas.

Pensar que a los 50 puedo volver a estar así no me hace especial gracia. Bastantes hostias nos hemos dado haciendo el camino como para no haber aprendido nada. No entiendo a esas personas que no se enfrentan a la edad y que pretenden vivir eternamente instaladas en la caótica adolescencia. ¿De qué nos sirve vivir si no aprendemos a disfrutar cada década?

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Me gusta que cuando llegan los viernes quedarme en casa no se convierta en un martirio porque pienso que me estoy perdiendo algo. Me gusta salir por la noche cuando yo quiero y no sentirme obligado a hacerlo. Me gusta no engañarme con los hombres que aparecen en mi camino. Tener claro que una noche es una noche y no empujarme a alargar innecesariamente encuentros que nacen con fecha de caducidad. Me gusta haber aparcado esa frustrante necesidad de gustar y haber erradicado casi en su totalidad mi catálogo de caídas de ojos y ridículos morritos. Me gusta decir que no, no malgastar esfuerzos discutiendo con gente que no me interesa, no sentirme mal por no ponerle cara a Lola Indigo y aceptar que no flipo con la nueva canción de Amaia aunque ella me parezca fascinante.

Estoy totalmente de acuerdo que a partir de los 50 las luces de la fiesta se van apagando pero también es cierto que tienes que estar ahí para tener la oportunidad de engancharte a ‘chill outs’ inolvidables. Ahora que lo pienso, hasta el 25 de julio de 2020 no cumplo los 50. ¿Me quedará tiempo de cometer alguna que otra tropelía?

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Jorge Javier Vázquez

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