cuando era niño y adolescente

Manuel Zamorano, de 'Cámbiame', desvela su dura historia de acoso en su pueblo

El experto en peluquería y maquillaje es, desde hace años, un hombre triunfador pero tuvo una infancia en la que lo pasó muy mal

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Cambiame manuel zamorano. La historia con la que más identificado se ha sentido

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Cambiame. A querido esmerase

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Manuel zamorano 1. Ni le entendían ni respetaban en su pueblo

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Manuel zamorano 2. Infancia dura

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Manuel zamorano. Cambio de vida

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Cámbiame

8 de febrero de 2018, 17:37 | Actualizado a

Sin llegar a llorar, Manuel Zamorano (nuestra nueva debilidad en ‘Cámbiame’ por su ternura y profesionalidad) ha descubierto su durísimo pasado. El discurso de Yolanda, la mujer a la que hoy tenía que transformar, tenía demasiados puntos en común con él como para no sentirse identificado. Ha comprendido perfectamente todo lo que había sufrido y ha querido abrirse a la audiencia.

Yo, como tú, también soy de un pueblo pequeñito”; le decía el peluquero. Yolanda, natural de un pueblo de Granada, nació con el sexo erróneo. Desde niña se sintió mujer, pero su anatomía le decía lo contrario. Con solo 14 años se lo comunicó a sus padres, “entonces hice el cambio de mi vida”.

“Aunque no he pasado lo que tú, me siento identificado con lo que cuentas”. Su forma de ser, sus gustos, todo él, despertaba comentarios malintencionados y crueles de sus vecinos.

“Me ha traído muchos recuerdos cuando hablabas de jugar con las muñecas, yo jugaba mucho con las muñecas. Me encantaban. Y también con las cocinitas de mis primas (…) Siempre he tenido la espada de ‘mariquita, mariquita’…”, confesaba Zamorano a quien estos comentarios hacían sentir muy mal, “yo he sufrido mucho aunque también te haces muy fuerte”.

Y así es, a día de hoy, Manuel es un hombre triunfador, uno de los mejores peluqueros del país, con una agenda de clientes que le adoran por su trabajo pero, sobre todo, por su humanidad. Un triunfo que llegó cuando pudo alejarse del entorno que tanto daño le hacía. “Yo decidí salir de allí. Me vine a Madrid y pensaba ‘qué raro, la gente no me dice cosas’. Iba por la calle y se me hacía raro que nadie me mirara raro”. Ahora le miran para pedirle autógrafos y hacerse fotos con él. ¡Bravo, Manuel!

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