Irene Rosales es una caja de sorpresas. Totalmente relajada y pudiendo dedicarse tiempo de pareja con Kiko Rivera en las vacaciones que están disfrutando en Canarias, ha dejado relucir una de sus facetas más desconocida y divertida. Y es que está hecha una maestra de las bromas.

La exconcursante de GH DÚO se ha convertido en el 'terror' de su marido hasta el punto de estar 'jugándose' no solo el cuello, sino también su divorcio. Pero que no cunda el pánico, se trata de una manera de hablar que ella misma ha utilizado, mientras ha compartido a través de sus 'stories' el bombardeo de bromas al que está sometiendo al hijo de Isabel Pantoja durante su asueto estival.

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Efectivamente. Irene es una auténtica 'troll' y Kiko es su 'víctima' favorita. Y es que no hay nada como conocer los puntos flacos de tu pareja para mantener la chispa en el matrimonio.

Tal y como se desprende de sus divertidos vídeos, el dj tiene auténtico pánico a los insectos, y se han convertido en el recurso perfecto para mostrarle saliendo despavorido huyendo de bichos imaginarios. "¡Pero, 'quilla', para ya! ¿No?", le dice Rivera con una media sonrisa, pero no del todo seguro de que la brizna de hierba que le ha lanzado a las piernas es realmente una avispa o algo similar.

Rosales se lo pasa literalmente bomba, aunque Kiko, que intenta tomárselo con toda la deportividad del mundo, no tanto. "Creo que en el siguiente susto me pide el divorcio", escribe muerta de la risa.

Irene Rosales y Kiko Rivera 01

La nuera de Isabel Pantoja es consciente de que el factor sorpresa en las bromas es un porcentaje muy importante de que estas funcionen, por lo que de vez en cuando deja descansar a Kiko. Sin embargo, no para 'trollear'. Y es que tiene otra víctima perfecta: su hija Carlota.

No importa la distancia, Irene demuestra que con un móvil también es capaz de dejar desconcertada a su hija pequeña. Durante una simpática conversación que han mantenido, Carlota intentaba explicarle a su madre lo mucho que la quiere, pero en su lenguaje de bebé. "Pues yo un poquito más que eso. ¿Pero cuánto dices que me quieres?", le insistía una y otra vez, dejando a la pequeña al otro lado del teléfono muy perpleja y sin más recursos de balbuceo. Vaya peligro, tiene Irene Rosales...