Tras dos años de tensiones, la reconciliación de Meghan Markle y el príncipe Harry con la reina Isabel II y el resto de la familia británica ya es un hecho. Es un acuerdo que se está cocinando a fuego lento, pero con importantes pasos adelante por ambas partes. Llevará tiempo reparar el dolor que han sufrido cada uno de los protagonistas y el daño que hizo la división en la casa real, destapada por el Megxit, en su imagen pública. Sin embargo, resulta adecuado pensar que las tensiones empezaron a aliviarse con el nacimiento en el otro lado del charco de Lilibet Diana. Este 4 de junio, la hija pequeña de los duques de Sussex cumple un año, y culmina así una etapa complicada para la familia real. Sin duda, una doble celebración muy deseada en medio del Jubileo de Platino.

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Cumpliendo su promesa, Harry y Meghan han aceptado su nuevo lugar con respecto a la familia real británica desde que rompieron con 'la Firma' en enero de 2020. El matrimonio ha hecho suya la advertencia dada por Isabel II ante las celebraciones que conmemoran sus 70 años de su ascenso al trono: nada de eclipsarla y nada de dramas. Si bien es cierto que cómo se ha marcado su única aparición pública desde que aterrizaran el miércoles en el Reino Unido, la reconciliación familiar parece ya un hecho.

Meghan, Harry, Archie y Lilibet

Meghan Markle y el príncipe Harry, junto a sus hijos Archie y Lilibet

Instagram/ Alexi Lubomirski

Este sábado la pareja celebra el primer cumpleaños de Lilibet Diana, su hija pequeña. En el mismo tono sobrio y de bajo perfil público, se espera una celebración privada junto a la reina Isabel II quien, tal como ha comunicado Buckingham, no participará en ningún otro acto público después de las emociones fuertes en el Trooping the Colour. Cabe decir que la soberana y el abuelo de la pequeña, el príncipe Carlos, ya han conocido a Lilibet Diana, cuyo nombre es un bonito homenaje a su bisabuela y a su abuela. Lo hicieron en un almuerzo, protegidos de miradas indiscretas y de las cámaras.

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De nuevo esa parece ser la tónica para este sábado, después de que Meghan y Harry hicieran su reaparición pública en la misa de Acción de Gracias en la Catedral de San Pablo en honor a Isabel II, y donde la familia real británica, encabezada por el príncipe Carlos, marcara distancia, sobre todo física, con los Sussex, que no ocuparon ninguno de los asientos reservados para los miembros con deberes para con la corona. Lo mismo ocurrió durante el posado en el balcón el jueves, al no ser invitados por la reina, aunque no perdieron ni un detalle desde una estancia contigua, reservada para el resto de asistentes.

Hace justo un año, las relaciones entre Harry y Meghan pasaban por un momento muy complicado con la familia real británica. Su entrevista con Oprah Winfrey supuso una herida enorme, quedó patente en la muerte del duque de Edimburgo en abril, solo dos meses antes del nacimiento de Lilibet. Llegaba entonces unos meses de gran bajón de salud de la soberana y los nervios por no conocer en persona a su bisnieta hacían pensar que la división era insalvable. Sin embargo, este viaje a Londres de los Sussex con sus hijos, ha traído cierta paz y un espíritu conciliador. Poco a poco las cosas se van poniendo en su sitio, un escenario perfecto para que Lilibet Diana y todas las personas que la adoran celebren un cumpleaños feliz.