Jorge Javier Vázquez

Jorge Javier Vázquez

Jorge Javier

"Vuelvo con ganas de trabajar y pasarlo bien"

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Jorge Javier Vázquez

Escritor, presentador, actor y productor teatral

Hace un año se publicaba en El Confidencial que me despedían de Mediaset. Se ofrecían tantos datos de mi contrato cercanos a la realidad que la noticia tenía altas dosis de verosimilitud. Hasta yo dudé. El 18 de mayo, el portal volvió a la carga aportando más información: mi despido era inminente. Mentalmente llevo un año deshojando la margarita –con el consiguiente desgaste que ello supone– y el despido no se produce. Con el tiempo descubrí que El Confidencial fue el medio escogido para intoxicar. ¿Ha rectificado El Confidencial? No. ¿Está cabreado por haber sido utilizado? No lo sé. ¿Se la suda? Me gustaría saberlo. ¿Llegará algún día a hacerse público quién ordenó la filtración y a través de qué intermediario se hizo? Curiosa coincidencia: el intermediario o la intermediaria trabajaba de manera muy activa durante la época de la lúgubre policía patriótica. Durante todo este tiempo mi cerebro se convirtió en una calculadora que no paraba de hacer números. Soñaba con el despido y la correspondiente indemnización: “Este montoncito para aquí, este montoncito para allá”. Me veía fuera de Mediaset aceptando la invitación de David Broncano para ir a La Resistencia. Hasta tenía ensayada mi respuesta para cuando me preguntara cuánto dinero tenía en el banco: “Con lo del despido, más que todos los que se han sentado aquí”. Pero no. Jamás le perdonaré a El Confidencial que jugara con mis ilusiones. Jamás. 

Regreso a Mediaset

Un año hace ya de todo eso.  Ha sido una época complicada. Convulsa. Profundamente desestabilizadora. Y enriquecedora. Pero aquí estoy. Dispuesto a seguir. Un año. Se lo recordaba a P. el sábado por la tarde mientras veíamos la segunda temporada de ‘Machos Alfa’. La primera la vi en Playa del Carmen, México, unos días después de que El Confidencial empezara a hacer ruido. Cómo la disfruté. La segunda –tan apoteósica como la primera– nos la hemos visto entre la tarde del sábado y la mañana del domingo. P. me decía: “¿De verdad nos vamos a poner una serie a las nueve y media de un domingo como si fuéramos dos niñatos?”. Y yo le respondí que sí, claro. Me parecía un plan morrocotudo. Y no la acabamos el sábado por la tarde porque estaba molido. Pero destrozado nivel máximo. Como si me hubiera pasado un camión por encima. Como Paco Porras en ‘¡De Viernes!’. El día anterior había tenido que ir a Mediaset a grabar una promoción de ‘Supervivientes’. No pisaba la cadena desde que se me reuniera tras la cancelación de ‘Cuentos Chinos’. Volver me producía inquietud. Pero tuve que hacerlo y fue mucho mejor de lo esperado. Cuánta energía derrochamos imaginando situaciones que jamás llegan a producirse. 

Machos Alfa
Netflix

El camerino nº 4

Antes de la pandemia yo no tenía camerino. Me cambiaba en la sastrería que hay enfrente del plató de ‘Sálvame’. Tampoco Mila utilizaba camerino. Ni Anabel Pantoja cuando venía a Telecinco. Yo me he cansado de verlas en bragas y ellas a mí en calzoncillos. Pasábamos de tener camerino porque están en el segundo piso y era más cómodo cambiarse en la sastrería y salir pitando. Las cosas cambiaron con la pandemia. Por cuestiones de protocolo me asignaron uno y me dejaban la ropa preparada antes de que llegara. Mi camerino era el cuatro y tenía hasta mi nombre. El viernes, al subir las escaleras para dirigirme a él, C. me advirtió: “No, no. No vayas al tuyo porque ya no es el tuyo”. Y me pareció lo más lógico del mundo. Hace ocho meses y medio que no tengo programa en las instalaciones de Mediaset. ¿Qué pretendía? ¿Que me guardaran ausencia? El cuatro fue mi camerino pero ya no lo es y dudo que vuelva a serlo porque con ‘Supervivientes’ solo iré una vez por semana. Lo normal es que me asignen uno que esté libre esa noche.

Reencuentros felices

Lo mismo ha pasado con mi plató. No tenía pensado pisar el plató desde donde se hacía ‘Sálvame’, que ahora lo ocupa ‘TardeAR’. Demasiados sentimientos encontrados. Pero el viernes instalaron ahí el set para hacer las fotos. No tuve escapatoria. Tras unos momentos de lógico desasosiego casi se me olvida recordar que pasé ahí catorce años de mi vida. Así es la televisión y así hay que aceptarla. El camerino fue mi camerino durante un tiempo pero no me pertenecía. Lo mismo que el plató. Este mes de marzo se cumplen veintiún años de mi llegada a Mediaset. He vivido una época mágica en la empresa durante la cual he pasado más tiempo en ella que en mi casa. Y después de veintiún años trepidantes vuelvo a la casilla de salida. Todo está por escribir. O quizás aquí ya solo nos quede el epílogo. Así de loco es nuestro mundo. Por eso es tan apasionante. Te lo cuento por si te quieres dedicar a él. Para que luego no te lleves a engaño.

Lo mejor de volver a Mediaset fue, sin lugar a dudas, el reencuentro con los compañeros que la hacen. Redactores, cámaras, directivos, maquillaje, peluquería. Volver a ver a Joaquín Prat por los pasillos, conocer a César Muñoz, coincidir con Frank Blanco, cotillear con Marta Flich. Qué bien me lo pasé grabando con Laura Madrueño, Carlos Sobera y Sandra Barneda, que está mejor que nunca. Divertida, risueña. Me reconcilié con Eva Espejo, la directora de ‘Fiesta’, y la desbloqueé ese mismo día de mi WhatsApp. Porque la semana que se iba a casar a Isa P. –recordad, fui el padrino– enciendo la tele y veo que hay un equipo de ‘Fiesta’ haciendo un directo desde mi casa. Y me cabreé y llamé a Eva porque no me había avisado. Y casi nos decimos de todo y la bloqueé. Y el viernes, después de pelearnos un poquito, acabamos riéndonos y la desbloqueé, claro. Porque hace muchísimos años que nos conocemos, porque nos tenemos cariño y porque son cosas que pasan.

Vuelvo a un lugar en el que ya no están muchas de las personas con las que empecé en el grupo. Claro que me acordé de ellas. Y me acordaré. Pero si decides seguir debes hacerlo con todas las consecuencias. Vuelvo con ganas de trabajar. Vuelvo con ganas de pasármelo bien. Vuelvo porque tengo un contrato que cumplir hasta finales de julio de 2025. Y aunque desde siempre lo he tenido muy claro porque así me lo llevo trabajando desde hace mucho tiempo, vuelvo sabiendo que mañana puede que alguien, o yo mismo, no quiera volver. O no quieren que vuelva. Porque como decía Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Pero ahora mismo, vuelvo. Y lo hago a lo Mario Benedetti: “Con buen talante y buena gana”.