Las fiestas de Kike Sarasola suelen ser antológicas. El empresario y dueño de la cadena hotelera Room Mate celebró este fin de semana que ha llegado a los 52 años en un momento fabuloso de su vida (los negocios van bien, volverá a ser padre…) y reunió a sus amigos (400 de ellos, nada menos) en el teatro Bodevil, donde la fiesta se alargó hasta las 6 de la mañana.

Música, bebida, decoración a la altura y unos anfitriones que solo querían una cosa: que los invitados se lo pasaran lo mejor posible. El dress code era obligado, disfraz, y muchos optaron por mantenerse fieles a la estética de todo el evento, ambiento en el festival del ‘Burning Man’ que cada año se celebra en el desierto de Nevada y en una de las sagas más espectaculares: ‘Mad Max’.

Kike apareció ante sus invitados vestido de princesa Leia y su marido, Carlos Marrero, de lo que creemos que es Charlton Heston en los ’10 mandamientos’, que nada tiene que ver con el loco de Max, pero sí con el desierto.

Los asistentes no regalaron nada al cumpleañero. Él había pedido que todo el dinero que iban a invertir comprando detalles, lo destinaran a un fin mejor, como la fundación que tiene bajo su nombre y que trabaja mejorando las condiciones de vida de muchas personas en lugares con menos recursos.

Durante la fiesta se bebió, comió y disfrutó todo y más. Los invitados lo pasaron de maravilla y más de uno se quedó con la boca abierta de lo que había organizado el empresario para celebrar esta nueva cifra ‘que le caía’. Además, los invitados alucinaban con la calidad de los disfraces. Parece que todos sabían que habría mucho nivel y no quisieron decepcionar. Con gente de la aristocracia, del mundo de la moda y del diseño de interiores, la fiesta tuvo uno de los niveles más altos de los que se recuerdan… tardarán años en volver a ver una celebración igual, o, por lo menos, 365 días hasta que a Kike le toque organizar su próximo cumpleaños.

En el plano más íntimo, Kike y Carlos están ansiosos por el inminente nacimiento de su segundo hijo. Lo han hecho a través de la gestación subrogada y ya han decido el nombre: Enrique, como uno de los padres y uno de los abuelos. El matrimonio experimentó por primera vez la paternidad hace 3 años cuando vino al mundo Aitana, la niña de sus ojos. Ahora ampliarán la familia y no podrían estar más felices.