Sarah Ferguson (63 años) se ha convertido por méritos propios en una defensora a ultranza de la familia real británica en un momento un tanto complicado tras las polémicas revelaciones del príncipe Harry. La duquesa de York ha concedido una sincera entrevista a la revista 'People' con motivo del lanzamiento de su última novela, donde ha hablado con libertad de la Institución y de cómo fue su relación de amor/odio con Isabel II.

Sarah lo tiene claro, Isabel II "es mi ídolo" y eso es algo que no va a cambiar a pesar del paso al frente de Carlos III, a quien le guarda un enorme respeto. De la monarca aprendió "el sentido del deber". Y es que tal y como ella asegura "tenía un don para hacer que la gente se sintiera bien".

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Sarah Ferguson

Sin embargo, su relación no siempre fue idílica. Nos tenemos que remontar a 1996 cuando Sarah Ferguson y el príncipe Andrés se separaron, Isabel II hizo público un comunicado en el que aseguraba que desde ese mismo momento 'Fergie', como se la conoce de manera cariñosa, ya no representaba a Casa Real y que jamás se harían cargo de sus deudas. El tiempo lo puso todo en su lugar y a la vista está que se ha convertido en una de las grandes entusiastas de la desaparecida Isabel II.

Sarah asegura que la presencia de la desaparecida monarca sigue en Windsor, pero lejos de amedrentarla le hace sentir en calma y protegida. Según cuenta la duquesa a la mencionada publicación, están ocurriendo una serie de fenómenos extraños desde su muerte, de ahí que lo atribuya a su persona.

Sarah Ferguson heredera de los corgis de Isabel II

Aunque lleva más de quince años divorciada del príncipe Andrés, la relación de Sarah Ferguson con la familia real británica siempre ha sido magnífica. De ahí que su residencia oficial se mantenga en Windsor, mantenga su título de duquesa y no haya llamado especialmente la atención que la ahora escritora haya heredado a los queridos corgis de Isabel II: "Es un honor tenerlos. Sandy y Muick son muy simpáticos, educados y están muy bien adiestrados. Son felices", confesaba en una reciente entrevista.

Sarah tenía una relación muy estrecha con Isabel II, y no puede hacer más que recordarla con cariño y respeto: "Me encantaría decirle que las prímulas florecen en las orillas del castillo de Windsor, donde solía pasear con los perros".