La Casa Real holandesa pone unos límites muy marcados a la prensa sobre lo que pueden cubrir o no los medios de comunicación del país sobre ellos, y no hay opción a saltárselos. Así lo han demostrado una vez más ante la polémica que hace unos días podía preverse con motivo del estreno de la obra de teatro escrita por la princesa Amalia. La función, que se estrenaba este martes en un teatro de La Haya, contaba con la actuación de Trijntje Oosterhuis, una cantante muy conocida en el país que además mantiene una gran amistad con los reyes Máxima y Guillermo.

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Estaba claro que el evento no iba a pasar desapercibido ante las cámaras, y por ello el RDV, la oficina de información del Gobierno holandés, prohibió a los medios realizar fotografías y grabaciones en el exterior y distribuirlas, ya que consideraron que se trataba de "un acto estrictamente privado y familiar".

Como añadido, la princesa heredera realizaba un pequeño papel en la función, por lo que todos estaban emocionados y deseando verla sobre el escenario. Además de sus padres, asistieron sus dos abuelas, la princesa Beatriz y Carmen Zorreguieta.

Amalia de Holanda
Gtres

Este código que exige la Casa Real de Holanda son unas directrices que, a pesar de no ser de obligado cumplimiento, sí pueden traer serios problemas a los periodistas que se las salten, tales como ser vetados a la hora de cubrir los diferentes posados oficiales que Guillermo y su familia realizan a lo largo del año.

Sin embargo, han sido muchos los medios que han mostrado su indignación con motivo de la cobertura gráfica del debut teatral de la princesa Amalia. A través de foros y redes sociales, se han unido en protesta contra el Gobierno holandés para quejarse y avisar de que tienen en su poder material gráfico que no puede utilizar en su trabajo.

La polémica trae al recuerdo el viaje que Máxima, su marido y sus hijas hicieron a Sevilla. Durante la visita, la Familia Real dejó que les fotografiaran con los atuendos propios de la Feria, a excepción de los momentos bailando flamenco, que fueron vetados por la Casa Real de Holanda. Un gesto que también causó gran indignación entre los periodistas.