La semana pasada fue muy convulsa para mí y para mi familia. Después de varios días intensos por diferentes motivos, he encontrado el momento idóneo para sentarme frente a este folio y contaros cómo me he sentido. Controlar los nervios en muchos momentos ha sido verdaderamente complicado. Como todos sabéis, el martes de la semana pasada tuvieron que ingresar a mi madre en el hospital. No era la mejor manera de comenzar el año aunque os confieso, como ya dije públicamente, que todo estaba mejor de lo que en un principio creíamos. He tenido que leer y que escuchar muchas barbaridades en torno al ingreso de mi madre. Como ya se contó en estas páginas y no por mi boca, que quede muy claro, mi madre come poco y bebe poco, últimamente. Nuestra obligación como hijas es tener un control de que todo esté bien. La analítica estaba mucho mejor de lo que yo pensaba que podía estar.

Gran Preocupación

Para que no hubiera ninguna duda y para evitar especulaciones, así se lo manifesté a los compañeros de la prensa que estaban en la puerta de la Clínica La Luz cubriendo la información. Cuando nos comunicaron, después de unas horas del ingreso, que ya nos podíamos ir a casa fue la mayor tranquilidad para todos. No es muy difícil de comprender. Si ella hubiera estado mal el hospital no le hubiera permitido marcharse a casa. Fue una gran noticia para ella y para todos. La medicación que tiene que tomar no es hospitalaria ni hay que aplicarla por vía intravenosa. No os voy a engañar, entramos con una gran preocupación y salimos mucho más tranquilos. Ahora, hay que esperar que poco a poco mi madre vaya comiendo un poco más y tomando algo más de líquido. Me consta que, gracias a Dios, lo está haciendo. Hablando de hospitales, esta semana me toca a mí pasar por una nueva revisión y hacerme las pruebas oncológicas para confirmar que está todo bien. Espero tener la misma suerte que mi madre y pueda salir más tranquila a pesar de la preocupación que tengo, siempre, los días previos a esta revisión. Espero daros buenas noticias pronto.