Sufre una enfermedad rara

Mafalda, hija de Pablo Carbonell: "Pasé tres años escayolada"

Su enfermedad le crea problemas de movilidad, anda con dificultad, pero nada ha impedido que, a sus 11 años, adore bailar y triunfe como actriz

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Mafalda Carbonell 01

Mafalda Carbonell llega montada en su patinete eléctrico a toda velocidad, como un torbellino. Nadie diría que, cuando nació, los médicos le dijeron a sus padres que no podría caminar. La hija de Pablo Carbonell y María Arellanofue diagnosticada de artrogriposisde miembros inferiores, una enfermedad poco común que produce dolencias y problemas de movilidad en las articulaciones. Tras ser operada en siete ocasiones y pasar los primeros tres años de su vida escayolada, a los once no solo camina, sino que baila y también actúa.

¿En qué momento decidiste que querías ser actriz?

- Cuando fui a ‘Tu cara me suena’ con mi padre, me di cuenta de que me gustaban mucho los escenarios, y le dije que quería subirme ahí.

¿Qué te dijeron tus padres?

- Mi padre reaccionó bien, pero también tenía miedo de que no saliera bien nada y me llevase una gran decepción. Pero, al final, ha salido todo bien y están muy orgullosos. Mi madre me dijo que hiciera lo que quisiera.

¿Te da consejos tu padre?

- Me dice que siga las directrices de los directores. Cuando me ofrece consejos, le digo que no los quiero.

Ya le estás ganando en fama.

- Antes era: “¿Eres la hija de Pablo?”. Y ahora es: “¿Eres el padre de Mafalda?”. Me paran bastante por la calle. Te piden fotos y tienes que ser simpática.

Acabas de rodar la película ‘Vivir dos veces’, donde has establecido muy buena relación con el actor que hace de tu abuelo, el argentino Óscar Martínez.

- Es como mi abuelo de verdad y le vacilo mucho. Al principio, me imponía muchísimo, pero luego cogimos confianza y nos tenemos mucho cariño. Nos escribimos casi todos los días, y le mando audios imitando el acento argentino.

También has rodado ‘Baby’ con Juanma Bajo Ulloa.

- Sí, conocía de antes a Juanma, y me lo he pasado muy bien. En el rodaje, me dio una descarga eléctrica al tocar un trípode que estaba pegado a la pared. Se me ponen los pelos de punta cuando lo recuerdo.

Ahora estás rodando con Álex de la Iglesia.

- Es un papel muy pequeño. En el rodaje, todo es muy raro. El otro día tuve que darle patadas a cabezas de cerdo de verdad. Acabé con las zapatillas blancas llenas de sangre.

¿Qué te han dicho tus compañeros de colegio?

- En cuanto llegué de rodar la película, me aplaudieron. Mis profes se sienten muy orgullosos de mí, especialmente mi tutor de quinto, José Manuel.

¿Son más permisivos ahora y apruebas más fácilmente?

- Ni de coña. Qué más quisiera yo. Incluso menos porque falto tanto…

Mafalda Carbonell 01

Para muchos eres un ejemplo por cómo afrontas tu enfermedad, ¿cuándo y cómo supiste lo que te pasaba?

- Yo era un bebé, ni siquiera me enteré. Pasé tres años escayolada. A medida que he ido creciendo, siempre lo he tenido en cuenta. Nunca me lo han tenido que explicar. Yo me veo, sé como se llama la enfermedad y ya está.

En cuanto pudiste caminar, te apuntaron a baile.

- Y lo sigo haciendo. Voy desde los 4 años dos veces por semana con mis amigas del cole. Necesito la danza. La echo de menos cuando no la hago.

¿Te molestan las críticas?

- A veces, leo comentarios en las redes sociales que no me gustan. Me da rabia que la gente ponga eso si no me conoce. Es muy fácil criticar. Si hago un vídeo cantando y canto mal, si me ponen comentarios de mal rollo, me da rabia.

¿Te gusta cantar?

- Me gusta, pero tendría que practicarlo. Tengo una voz muy grave. No me gusta cuando me oigo.

¿Te formas ya como actriz?

- Voy a una escuela. Empecé a los 6 años. Este año me han cambiado de curso a uno más avanzado.

¿Te gustaría trabajar con tu padre?

- Estamos haciendo un proyecto, pero no puedo contar nada. Yo quiero tener a mi padre como referente de padre, no como algo más.

¿Cómo definirías a Pablo como padre?

- No es serio, le gusta leer, es muy pacífico, sincero y justo. Siempre está de mi parte, y eso me da un punto de apoyo. Si mi padre se enfada conmigo, ya no hay quien lo arregle. Si se enfada, hay que tener cuidado. Yo ya lo conozco y sé sus puntos débiles.

¿Qué aficiones tienes?

- Me gusta mucho el maquillaje. Me maquillo para ir a estrenos, pero para ir al supermercado, no; aunque igual me pongo el pintalabios y me pinto la rayita del ojo. Estoy centrada en el eyeliner, que no me sale.

¿Te consideras presumida?

- Sí, soy súper presumida. Tardo mucho tiempo en arreglarme, como dos horas para el pelo, dos con la ropa…

¿Te has dado algún capricho ahora que ganas un sueldo?

- He querido, pero no me dejan. Les digo que es mi dinero, que me he esforzado, pero no hay manera. En casa, trabajamos mi padre y yo, y mi madre también nos ayuda. Somos todos como una cooperativa. Nadie es superior.

¿Se acercan más los chicos?

- Me da pereza. Todavía no me gusta nadie. No sé si le gustaré a alguien. Los chicos de mi clase me caen bien. Me lo paso muy bien con ellos, pero son un poco tontos, se ponen muy chulitos. Parece que tienen 3 años. Mis amigos dicen que soy un poco borde.

¿Qué te gusta hacer con tus amigos? ¿Alguna travesura?

- Una vez casi incendio mi casa porque estaba con mis amigas haciendo algodón de azúcar con una máquina. Puse el azúcar dentro, empezó a arder el azúcar, y ardió la máquina. Tuvimos que apagar el fuego con la manguera porque había llamas.

Con la cara de buena que tienes…

- Soy muy capulla, la verdad. Toco muchos timbres. Comemos pipas y ponemos la cáscara en el timbre o celo y, así, no para de sonar porque se queda pillado. Me encantan los petardos. Soy fanática. Mi madre no me deja. Una vez tiramos un petardo a un balcón, y la señora nos tiró una garrafa de agua. Se me ocurren trastadas con mi amigo Alejandro.

¿Te castigan?

- A veces. En el comedor, nos hemos quedado castigados sin recreo porque cogimos la comida, la metimos en bolsitas de plástico y la tiramos. Nos pillaron. También me gusta hacer bromas telefónicas. Llamo a un número al azar y pregunto: “¿Ahí lavan la ropa?”. Cuando me responden que no, les digo: “¡Qué cerdos!”. Y cuelgo.

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