Se trata de uno de sus lugares preferidos en todo el mundo: Corral de Almaguer, el pueblo en el que se crió Sara Carbonero y al que se escapa siempre que tiene oportunidad. De hecho, el año pasado, ella y su marido, Iker Casillas, compraron una casa para que Lucas y Martín sintieran esas mismas cosquillas que recorren a su madre cuando pone un solo pie en esta localidad toledana.

La pareja adquirió el inmueble, que se encuentra situado en uno de los mejores lugares del pueblo, muy cerca de la Plaza Mayor, el año pasado, cuando se enteraron de que serían uno más en la familia. Los meses de esperar a Lucas también lo fueron de prepararlo todo para que la casita manchega estuviera a gusto de todos, y la pudieran disfrutar desde los mayores a los pequeños de los Casillas Carbonero.

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Se trata de una vivienda de 400 metros cuadrados, decorada de manera rústica, pero a la última moda, con el regusto ‘Slow Love’ que Sara siempre lleva por bandera. Colores neutros, tejidos naturales como rafia, algodón o muebles con cierto regusto antiguo, pero actualizados, pueblan el refugio de la periodista y empresaria.

Ladrillo visto, sillones en piel o en algodón, cuerdas que decoran espejos y plantas, muchas plantas. Todos estos detalles hacen de la casa de Sara un 'palacio' perfecto en el que no solo disfrutar de los suyos, sino también para invitar amigos y celebrar escapadas alejados del ruido de Madrid. Tomar algo en la plaza, comprar pan rústico y encender la chimenea mientras se disfruta de una copa de vino. Aprovechar la vida de pueblo, en definitiva, ¿hay acaso un plan mejor?

La casa ha cambiado por completo. El matrimonio la sometió a una gran reforma que ha dejado a la vivienda como nueva, pese a que no era demasiado antigua, contaba solo con 20 años. Lo que sí respetaron fue la fachada, para que no rompiera con el estilo general de los demás hogares del pueblo.