Sí, está en tu mano

¿Puedo evitar un infarto?

La tensión, el colesterol y el azúcar en sangre son los tres parámetros con los que los médicos fijan el riesgo cardiovascular. Existen pequeños gestos diarios muy sencillos que pueden ayudar a mantenerlos a raya

Cómo proteger el corazón

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El prestigioso cardiólogo Valentín Fuster declaraba recientemente y de forma tajante que "la enfermedad cardiovascular es eminentemente conductual". La Fundación Española del Corazón (FEC) concreta esta afirmación: "El 90% de los infartos se asocia a factores de riesgo clásicos y modificables, de ahí que la práctica totalidad de ellos se puedan prevenir".

Y tú, ¿te saltas el desayuno?

Por ejemplo, en nuestra mano está algo tan simple como desayunar bien y, según un reciente estudio de la Facultad Friedman de Ciencias y Políticas de la Nutrición de la Universidad de Tufts (Boston, EE. UU.), saltarse esa primera comida del día aumenta las probabilidades de tener las arterias obstruidas.
"No es que se formen placas por no desayunar", afirma José Peñalvo, el investigador principal del estudio, pero quienes no lo hacen suelen tener otros hábitos alimenticios de riesgo. Como comer demasiado a menudo de menú en restaurantes, donde se suele multiplicar la cantidad de alimentos que ingerimos y las grasas animales y saturadas de los mismos; o abusar de platos precocinados, también con exceso de grasa y sal.
En general, deberíamos tomar más vegetales (inclúyelos en todas las comidas del día), legumbres (si lo hiciéramos 4 veces a la semana se reduciría nuestro riesgo de infarto y angina de pecho un 14%, según ha publicado el 'American Journal of Clinical Nutrition') y pescado azul (sus ácidos grasos poliinsaturados omega 3 aumentan el colesterol bueno y reducen la presión arterial).

'Moverse' tanto como se pueda

Todos conocemos que el ejercicio, especialmente el aeróbico moderado tres veces por semana, es cardiosaludable. Pero solemos olvidar dos cosas: que no debemos perder ninguna de las oportunidades que nuestra rutina nos brinda de ejercitarnos de forma no pautada (subir las escaleras que encontremos a nuestro paso evitando los ascensores, bajar una parada antes del metro....); y que ninguna rutina de ejercicios compensa el sedentarismo prolongado. Esta es la conclusión de un estudio publicado en el 'American Journal of Pshysiology, Endocrinology and Metabolism'. Según otra investigación, esta de la Universidad de Indiana (EE. UU.), basta caminar cinco minutos a la hora para evitar los efectos indeseados de la inactividad.

El ansiado vientre plano

De la combinación dieta adecuada y ejercicio depende en buena medida mantenernos en un peso cardiosaludable. Pero hay otro parámetro importante del que solemos ocuparnos solo por razones estéticas. "Mantener un diámetro de cintura de 10 cm inferior a la parte más ancha de las caderas puede ser un factor de prevención de la enfermedad cardiovascular", explica la endocrina Carme Valls-Llobet en su obra Mujeres invisibles (Debolsillo). O sea, que lograr el ansiado vientre plano protege ante el infarto. Ahora bien, conseguirlo usando por ejemplo fajas, que han vuelto a ponerse de moda, dificulta el retorno venoso y aumenta el riesgo de peligrosos coágulos. Sucede, en general, con cualquier prenda demasiada ajustada, que deje marcas al quitarla o provoque sensación de hormigueo en alguna parte del cuerpo.

Una bonita sonrisa

Y hablando de estética, las enfermedades periodentales, como la gingivitis, no solo afean la sonrisa y ponen en riesgo la integridad de nuestra dentadura. La Universidad de Columbia (Nueva York, EE. UU.) descubrió que quienes las padecen tienen mayor tendencia a que se estrechen sus vasos sanguíneos. La explicación es que la bacteria que provoca la enfermedad de las encías puede pasar al torrente sanguíneo y estimular el sistema inmunológico, provocando la inflamación que obstruye las arterias. De nuevo, lavarnos bien los dientes y visitar la consulta del dentista por lo menos una vez al año es algo que está solo en nuestras manos.

Dormir justo lo necesario

Ni menos de seis horas ni más de ocho. Es lo que deberíamos dormir de forma habitual según la Escuela Médica de Chicago (EE. UU.) si de proteger el corazón se trata. Si pese a querer hacerlo no se logra descansar bien, por ejemplo por sufrir piernas inquietas o apnea del sueño, hay que visitar al cardiólogo con regularidad.

Carmen L. Santamarta

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